El clima en Monte Carlo era agradable, hacía más calor del que estaba acostumbrada y el sol estaba en su máximo esplendor. Las calles eran pequeñas pero estaban llenas de autos lujosos, aún más extravagantes que los de Cédric. Las calles estaban atestadas de personas bien vestidas, imponiendo sus propios estilos o lo último en el mundo de la moda. De un lado tenías la hermosa vista de la bahía junto con todos esos yates de lujo y del otro lado la imponente estructura de los edificios y casas. —¿Te gusta la fórmula 1? —habló Cédric sacándome de mis pensamientos. Volteé a verlo unos segundos, llevaba puestas sus gafas de sol para tapar aquel moretón y su mandíbula relajada cubierta por aquella ligera barba negra bien arreglada. Ambos íbamos en el asiento trasero del auto n***o que nos

