Algunos días después, Aurelio baja de su coche para encaminarse a una cafetería de la ciudad. Con pasos firmes el CEO ingresa en aquel lugar mirando hacia todos lados justo para reconocer a alguien a quien le estaba siguiendo los pasos desde hace varios días. Se aproxima hacia donde se encontraba sentado el imbécil de Enzo, en ese momento coqueteaba con una joven camarera que se le notaba por encima la inocencia. Aquello enfureció aún más al castaño. Estaba como si nada hubiera hecho, andaba por la vida destruyendo a las personas y no le importaba absolutamente nada… Cuando Aurelio llego a su mesa, la camarera lo observa fijamente. —¿Qué le puedo servir? —Ve atender a otra mesa—responde el CEO sin siquiera ver a la joven. —¿Quién diablos te crees para tratar a mi novia de esa manera

