Leónidas abrió los ojos y miró aquella habitación se levantó de inmediato y caminó, empujó la puerta. Anduvo unos pasos, aletargado. Vio alrededor, pero no encontró nada. Encontró a Clara Luz en un pasillo, se vieron por un segundo y corrieron a abrazarse. Él la soltó y puso sus manos sobre su rostro —¿Estás bien, te ha lastimado? Clara Luz negaba, pero sus manos, su vestido e incluso su barbilla tenían rastros de sangre seca —¿Qué te ha pasado?, ¡Eso es sangre! —exclamó Leónidas atemorizado —Pero no es mía. Es de Kent… está muerto. Leo dio un paso hacia atrás confundido —Pero, ¿Cómo murió? —No importa, ahora debemos irnos o nos dejaran en el apocalipsis. Leo no pareció entender, ella sujetó su mano y lo obligó a caminar, pero la detuvo y observó que su mano lastimada estaba bien

