11. ¿Dónde ha quedado la chica cachonda que se moja con un solo rose de mis dedos?
—No sé de qué hablas —respondo, pero claro que lo sé a la perfección. Duke me ignora olímpicamente y con seguridad me señala su magnífica rodilla con un aire de superioridad me sonríe.
—Ven –me ordena—, siéntate en mi pierna.
—No.
Duke se incorpora y me toma de las mejillas.
—¿Dónde ha quedado la chica cachonda que se moja con un solo rose de mis dedos?
—Tirada en la cama, esperando a que le hagas... –musito ofendida, y caliente como nunca antes.
—Pero… —Sus labios ahogan mis quejas—. Eso tiene solución —me besa con tantas ganas locas que olvido todo el odio que le tengo.
Duke se olvida que estamos en medio del living de su casa, con calentura me sube la falda y se topa con mi calzoncito diminuto color rosa.
—¿Qué tenemos aquí? —dice divertido y comienza a bajármelos…
—Espera... Espera... —le digo yo— ¿No vendrá nadie?
—¿Qué si viniera alguien?—me dice lamiendo mis labios— ¿Te da vergüenza? –La sola idea parece excitarlo, siento que puedo leerle las malas intenciones que tiene en ese mismo momento, estoy que no puedo resistirme a él, aunque la idea de que alguien más nos vea me pone nerviosa.
—¿A ti no? —le pregunto, mientras mis labios buscan a los suyos y me estrecho a su cuerpo, buscándolo.
—En todo caso –dice él con un tono divertido y caliente ante la idea—, no vendrá nadie que yo no quiera.
Eso sigue sin complacerme. Aun así sus manos siguen jugando lascivamente en torno a mis muslos, a mi monte de Venus, y sus labios se apoderan de toda mi piel encontrando a mi alma, y entonces ya no importa nada más. Quiero hacerlo con él, siempre lo quise. Duke se aparta un poco y se baja los pantalones dejándome apreciar sus atributos masculinos. Es todo lo que una espera de él, la arrogancia que exuda tiene un motivo y lo tengo tan cerca… que lo único que quiero es tocarlo, quiero saborearlo. Duke se acomoda a lado de mí, en una de sus manos apoya la cabeza y con la otra se la toca, y me mira con los ojos dilatados.
—Ahora dime, Bell, si lo quieres adentro tuyo... —susurra mirándome a los ojos.
—Si, si, si lo quiero, lo quiero, lo quiero… —susurro retorciéndome de ganas de él. Duke lo sabe y le place verme en ese estado, lo disfruta.
—Antes debes darle mimos… ¿entiendes no? –su voz suena maliciosa y no me importa nada. Yo, toda una cachonda afirmo moviendo la cabeza. Con sus dedos largos y tibios, Duke me lleva la cara hasta el tremendo palote que tiene entre las piernas, y yo, toda deseosa abro la boca para degustarlo. Su sabor es salado, muy salado, y aun así no paro de chuparlo. Duke se retuerce de placer, y gime. Me gusta escucharle gemir. Siento que su palote palpita hasta más no poder. Duke me aparta y por unos segundos no dice nada.
—Casi me haces terminar —dice reprimiéndose.
Pero eso es bueno. ¿No?
—Quiero metértelo —me dice mirándome a los ojos. La manera en que me lo ha dicho ha sido tan sincera y caliente que enseguida abro las piernas. Eso le ha gustado y se nota.
—Tócalo, siente como va entrando en ti —me susurra y yo, con las dos manos lo hago. Entra poco a poco hasta que parece que ha llegado a tocar mis tripas, tanto que parece que mi piel se estira y palpita dentro.
—¿Te gusta? —pregunta sabiendo la respuesta, pues lo ve en mi cara, en mis ojos, en el rubor que tengo en las mejillas.
—Sí —sale como un suspiro de mi boca.
—Pues, ahora viene lo mejor —sonríe y de repente lo saca de una haciendo que sienta que me falta el aire, y de una vuelve a entrar, sale, y entra, sale y entra, entra y vuelve a salir, cada vez más rápido, cada vez más duro, que siento que me estoy partiendo en dos en sus brazos.
Sus caderas poderosas me empujan y sus manos me atraen hacia él. Es una tortura placentera, jadeo y él me besa sin detenerse, es como si sintiera algo fuerte por mí, más que el deseo de la carne, es como si fuéramos almas gemelas, sus ojos me miran con deseo y con algo más que no sé descifrar y yo siento que le amo… y sé que es una locura, que no puede haber nada entre los dos…
Quizás solo estoy delirando.
Luego de tener el mejor orgasmo de mi vida, y de que Duke se regocijara mirándome, recaigo en la realidad. Tengo que volver a casa.
Me incorporo rápidamente. Duke me mira con los brazos sobre la cabeza.
—No tienes que irte aún.
—No, pero quiero volver a casa.
—Como prefieras. Mañana mi hermana dará una fiesta por su cumple, supongo que estás invitada.
Claro que no lo estoy. Minna ha dejado de hablarme y ha vuelto a ser la misma chica inalcanzable de antes.
Niego con la cabeza.
—¿No? Bueno no importa. Yo te invito y quiero que vengas con —me levanta la falda para tocarme de nuevo las piernas—, esta faldita que me pone cachondo.
—No creo que quiera venir…
—Vendrás —dice con toda la seguridad que tiene, y además esa sonrisa que me invita a saltar hacia él y besarle.
—Pues no vendré, ya lo verás.
—Oh, claro que lo harás.
—En fin. Ya me voy —le digo poniendo blancos mis ojos, tomo mis cosas y me voy. En la parada del bus me doy cuenta de algo.
Ay, carajo. He olvidado tomar mi porta planos, maldita sea. Duke debe estar riéndose de mí. Mi celular suena.
—¿Quieres que te lleve a tu casa? —me pregunta con un aire divertido, y yo me trago mi orgullo solo por tener de vuelta a mi Duke al desnudo.
—Sí, pero tráeme mi porta planos —le digo cruzando los dedos para que acepte.
—Ok –dice sin problemas.