Los Insurgentes La noche caía densa sobre el palacio, mientras las antorchas proyectaban sombras profundas en los muros de piedra y hacían brillar los ojos inquietos de los soldados de Sax. Frente a ellos, Kavan y Kean aguardaban en silencio, sus figuras humanas parcialmente iluminadas, pero con un toque que los hacía parecer bestias acechando desde la oscuridad. Los ojos de ambos ardían en tonos dorado y azul, cada uno con un brillo antinatural que recordaba el fuego interno de los dragones. Las manos de Kavan descansaban a los costados, pero sus garras relucientes parecían ansiosas por hundirse en cualquier amenaza. Kean, por su parte, mantenía una expresión fija y severa; sus ojos eran puro juicio, atravesando a cada soldado encapuchado que avanzaba bajo la supervisión de los centinela

