Cordelia La rabia me recorrió como fuego líquido cuando vi esas sombras inmundas aferrándose a mi hilo de vida, tratando de cortarlo. No era miedo lo que sentía. Era furia. Se estaban metiendo con lo único que me mantenía atada a este mundo. Mi conexión. Mi cuerpo. No. No iba a permitirlo. Me giré hacia Zeiren, mi Elion, que seguía mirándome con asombro. Mi corazón latía desbocado, pero aún así me acerqué y volví a besarlo. Un roce fugaz, desesperado. —Voy a volver —le prometí contra sus labios antes de apartarme. Y corrí. Apenas puse un pie en mi celda, un resplandor dorado estalló a mi alrededor. Era mi luz. No sabía de dónde venía, ni por qué sucedía, pero se expandió como un latido vivo, llenando cada rincón del calabozo. Los Aeternum soltaron chillidos espantosos cua

