Fabio
... no te enamores de mi
Yo no soy tu príncipe azul
Ni tu caballero, solo soy un hombre.
Ana, yo no soy tu príncipe azul, Silvestre
Buenos Aires, mayo 2007
Después de la primera vez que estuvimos juntos entré en pánico. Estar con ella había sido el mejor sexo de mi vida, eso no se discutía, pero además me había provocado sensaciones que en ese momento no quise sentir y me mandé la peor cagada de mi vida, al huir de su cama y dejarla sola.
Ese sábado llegué al departamento, allí estaban Jessica y Juan desayunando.
- Bueno, bueno parece que llegó el galán de América -dijo irónicamente la novia de mi amigo. - ¿Dónde está mi amiga? -.
- La dejé durmiendo, y me vine.
- Es decir que ¿Huiste como un cobarde? - dijo y le dio un mordisco a su manzana mirándome de manera acusadora.
- Jessy no te metas- la reprendió cariñosamente Juan.
- Me voy a bañar que tengo que salir en un rato-.
Me encerré en mi cuarto, me di un baño y preparé mis cosas para irme a la casa de mi hermano Guido.
Guido era dos años mayor que yo, estaba casado y tenía dos hijos que me adoraban, y por quienes daría la vida. Y pese a que amaba a mis sobrinos, tener hijos no entraría en mis planes nunca más.
Alguna vez soñé con esa vida, y pensé que era posible amar a alguien y formar una familia con esa persona, pero la vida, o, mejor dicho, ELLA se encargó de demostrarme que era un idiota. Y comprobarlo tras nueve meses de ilusiones fue demasiado para mí.
Por eso no estaba dispuesto a volver a confiar en nadie, y aunque en el fondo de mi corazón sabía que Lucía era diferente, no estaba listo para dar ese paso, con ella ni con nadie. Y a raíz de esos pensamientos fue que decidí ignorar los mensajes y llamadas de Lucía ese fin de semana.
El lunes siguiente, Lucía no se presentó en la universidad, y supe por Juan que se había ido a su pueblo. Mejor así, un poco de distancia va a enfriar la cosa pensé en ese momento.
El viernes cuando mis compañeros me invitaron a salir con ellos, no dudé en hacerlo, y obnubilado por mi estupidez no me negué a las atenciones de Mariela, que siempre estaba dispuesta cuando quería echar un polvo sin pensar en nada más.
Pero todo se complicó cuando llegó Lucía, que estaba realmente preciosa, y en lugar de saludarme se sentó sobre el regazo de Nicolás González.
Nicolás era un compañero de la universidad, que siempre estaba detrás de ella. Lucía se llevaba bien con él, pero jamás le había dado cabida, hasta esa noche.
No solo tuve que aguantar la bronca de verla coqueteando con ese idiota, sino que, para colmo de males, se levantaron y se fueron a bailar a la pista.
Mariela quería que le prestara atención, pero realmente no podía despegar la mirada de Lucía que bailaba cada vez más pegada a Nicolás. Este apoyaba sus manos en las caderas de ella y se movía al ritmo de su baile.
Me estaba por explotar la cabeza, no podía seguir mirando impasible la escena que se desarrollaba frente a mis ojos.
Lucía se acercó a la mesa, en dos minutos se bajó dos chupitos de vodka, y volvió a la pista.
Mariela me llevó a la pista de baile, y yo que odiaba bailar, acepté solo para poder estar más cerca de Lucía y su pareja. En un momento giré y quedé cara a cara con Lucía, o mejor dicho con su cara pegada a mi pecho. La sentí inspirar fuerte y la vi agitada, ella levantó su cabeza y me miró con ojos que me mostraban que no le era indiferente mi contacto. Apoyé una mano sobre su cadera, y la acerqué aún más a mí.
- Fabio, no juegues conmigo - dijo casi en un ruego.
- No estoy jugando Lucía. Vos y yo nos debemos una charla.
- ¿Te parece que ahora es el momento? -.
- ¿Podemos sentarnos un minuto? -.
Lucía asintió con la cabeza, y nos fuimos a la calle. Caminamos hacia la esquina, alejándonos del ruido.
La vi temblar y le ofrecí mi campera, pero ella negó tener frío y declinó mi ayuda.
- Bueno, ¿Qué es eso tan importante que me querías decir? -dijo fastidiada. -- Te escucho.
- Creo que te debo una disculpa. No debí irme de tu casa sin despedirme.
- Menos mal que te diste cuenta que estuviste como el culo huyendo-. cruzó los brazos y me miró con los ojos ¿húmedos?
- No supe cómo decirte lo que me pasa. Me gustas Lucía, mucho más de lo que podés llegar a imaginar. Pero no puede volver a pasar nada entre nosotros. Porque vos sos una mina en serio, y necesitas que te hagan el novio, y yo no estoy para esos jueguitos. Así que todo lo que puedo ofrecerte es una relación de amigos con derechos nada más- estuvo a punto de hablar, pero la corté, poniendo un dedo sobre su boca carnosa, la cual moría por besar -Y sé que vas a decir que no. Así que vamos a seguir siendo amigos de ahora en más, y no va a volver a pasar nada entre nosotros.
- ¿Puedo hablar? -dijo corriéndose un paso para atrás-. No decidas por mi Fabio. Tengo la edad para decidir que quiero hacer con mi vida y con quien. Yo no quiero ser tu amiga. ¿Y cómo podés ser tan soberbio de pensar que me voy a enamorar de vos y decir que a mí tenés que hacerme el novio? ¿Quién carajo crees que sos? -.
Intenté agarrarla, pero ella se deshizo de mi toque y se fue. La llamé, pero me ignoró por completo. Eso me enojó, y antes de hacer una estupidez preferí prenderme un cigarrillo para ordenar mis ideas.
Al volver al bar, era la hora loca. Las meseras de ese lugar a las 2 am pasaban y regalaban tequila a las chicas que abrían la boca para que les sirvan directamente la bebida, sin vasos. Acto seguido la chica en cuestión tomaba el limón directamente de los labios de alguna otra persona. Y allá estaba Lucía tomando el limón de los labios de Mariela. Lo cual terminó en un beso, y fue seguido de los aplausos de un grupo de muchachos que estaban frente a ellas.
Debo confesar que en cualquier otro momento esa imagen hubiera despertado las más oscuras fantasías en mi mente, pero esa noche me molestaba, porque Lucía estaba enojada y borracha, y era capaz de hacer cualquier estupidez. Por tal motivo, me acerqué a ella para separarlas, ganándome las puteadas del público masculino.
- Lucía, agarrá tus cosas porque nos vamos -. La reprendí.
- ¿Qué? y quien sos vos para decirme lo que tengo que hacer? mi novio? mi amante? mi chongo? . No, vos no sos nadie. Fabio Ferrari, solamente el último pelotudo que me garché -me gritó tambaleándose hacia mí.
- Lucia estás borracha. vamos que te llevo a tu casa.
- No, a mi casa no. Están Juan y Jessy, y no quiero interrumpir su noche romántica.
- Bueno, vamos a mi casa entonces.
La saqué del bar y la subí conmigo a un taxi. Cuando llegamos al departamento tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no llevarla a su casa.
- Vos querés coger conmigo por eso me trajiste- dijo golpeándome el pecho con un dedo.
- Lucía, anda al baño a lavarte la cara que ya te alcanzo algo para dormir-. Fui a mi dormitorio a buscarle algo cómodo para que se cambie. Cuando volví al living, estaba sin su ropa. Solo tenía puesta una tanga rosa, medias negras hasta los muslos, y las botas que me habían vuelto loco toda la noche. Era una imagen que no iba a poder olvidar mientras viviera, una jodida fantasía erótica, ahí de pie en el living de mi casa. Borracha como una cuba, por lo tanto, era intocable.
Caminó hacia mí tropezando y me agarró del cuello. Tirando de mi cabeza como si fuera a besarme.
- ¿No pensás hacerme nada hoy? - dijo haciendo morritos- ¿no te parezco sexy? - dijo dando la vuelta y mirándome sobre el hombro.
Tuve que hacer un acto de resistencia terrible para no mirar como esa pequeña porción de tela rosa, se incrustaba en ese culo perfecto. La di vuelta, tendiéndole una remera.
-Tomá ponete esto para dormir. La puerta de la derecha, es mi cuarto, dormí ahí. Yo me voy a acostar a la cama de Juan-. Le abrí la puerta de mi habitación. - Si esa noche no me redimía de todos mis pecados, no sé qué lo haría. Pero me había ganado el cielo.
La dejé en mi cuarto. Cerré la puerta, y apoyé la cabeza contra la madera fría tratando de calmar mis sentimientos, lo único que quería en ese momento era entrar a ese cuarto, tomarla en mis brazos y besarla hasta que nos olvidáramos del mundo, pero no debía hacerlo. Lucía no se merecía toda mi mierda, era una chica con una vida sencilla y feliz, yo no quería arruinar su luz con los demonios que cargaba.
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Si llegaste hasta acá, y ya habías algo, te habrás dado cuenta que hice unos cambios en la estructura de la historia, porque me dio la sensación de que de esta manera era más fluida la historia. Espero que les gusten los cambios. Déjenme sus comentarios!!
Gracias por leerme!
Marina