Fabio
No pretendo ser distinto
Metí la pata más de una vez lo sé Pero yo nunca te olvide
Porque eres de esas cosas Por más que pasa el tiempo no
No se olvida esos besos que me diste
No se olvida hay que tener mala memoria no
No se olvida por más que pongo a remojar tus huellas
No se quitan eso lo se olvidar.
No se olvida, Franco de Vita
Roma, mayo 2022
Llegué a la oficina y me di cuenta que me había olvidado unos papeles en el hotel. Mierda no quiero volver y molestar a Lucía.
Al llegar a la habitación del hotel, entre sin encender las luces. Eran las dos de la mañana y no quería despertar a Lucía. Apagué la televisión, sigue necesitando el sonido de ese aparato para poder dormir cuando está sola, pensé.
Estaba buscando mis papeles cuando un gemido interrumpió el silencio de la noche. Me asomé curioso, y ahí estaba, Lucía soñando. Me acerqué a mirarla solo un minuto. Su cabello oscuro estaba desperdigado por la almohada, sus mejillas sonrojadas. Sus piernas envueltas entre las sábanas blancas. Estaba destapada, la temperatura había bajado y me acerqué para taparla con la manta,
Juro que mis intenciones eran buenas.
Tenía puesta una de mis camisas favoritas, me quedé quieto sin emitir sonido, observando su respiración calmada. Llevaba una pequeña tanga negra, que no iba a poder borrar de mi mente. Se giró, y me dejó ver el lunar que tiene en la cadera al costado, justo sobre el borde de su ropa interior que tantas veces besé hasta hacernos perder la cordura. Me quedé contemplándola como un idiota.
Parece que hubiera salido de un sueño erótico. De mis sueños eróticos.
Lucía se movió en la cama y en sueños pronunció mi nombre.
No podría poner en palabras lo que me provoca escucharla.
La tapé con la manta y no pude evitar acariciar su mejilla. Ella entreabrió los ojos y me miró soñolienta.
—Shhh seguí durmiendo— le dije sin dejar de acariciar su rostro.
—Fabio? Sos vos? —preguntó adormilada
— Shhh. Perdón si te desperté vine a buscar unas cosas. Ya me iba— dije intentando alejarme de ella, una de las decisiones más difíciles de mi vida.
—Vení a la cama. No me dejes solita—me dijo tirando de mí hacia la enorme cama.
Sé que está dormida. Que despierta no me pediría esto, pero no puedo evitarlo. Es solo un rato, me dije y me acosté a su lado. Ella acercó su cuerpo cálido a mi costado, buscando mi abrazo, y finalmente me quedé dormido besando su cabello, sintiendo su aroma.
Huele a hogar. A ese lugar del que nunca debería haberme ido.