Ariel La brisa se cuela por mi chaqueta, los lentes me protegen para no lagrimear, voy a 180 kilómetros por hora, la adrenalina es como éxtasis recorriendo mi torrente sanguíneo, manejar sin restricciones me hace sentir libre. Mi mente se distrae por completo, al llegar al lugar citado fui directo al estacionamiento privado, apagué la moto y descendí de ella, me adentro en el ascensor con acceso restringido al cual solamente puedo utilizar yo, arregló un mechón rebelde de mi cabello que cae por mi frente. Suelto el aire contenido en mis pulmones — ¡Amanda! —La llamé al ver la estancia con poca iluminación. —¿No piensas recibir a tu hombre preciosa? —Pregunte adentrándome en el amplio sitio, camino hasta el minibar y me serví un trago, al llevarlo a mi boca la sombra de una figura delicad

