7. Propuesta

3221 Words
—Así que su nombre es Lía—dijo Ruby a través de la pantalla—, ¿No es lindo? Pase la yema de mis dedos por la superficie texturizada de la tarjeta. Su fondo era blanco, y la inscripción tenía una linda caligrafía dorada. LIA WINSLION Era extremadamente sencilla, con la información necesaria, sin una coma o punto de más. Pensé que, al pasar de los días, mi percepción podría cambiar, pero me seguía dando la impresión de que esta no era la tarjeta de presentación de una mujer, que había comprado una tirara por mas de quinientos millones de dólares. —¿Y entonces que te dijo? —dijo Ruby un poco indignada porque probablemente no escuche nada de lo que había parloteado segundos atrás. —Nada, simplemente me dio su tarjeta. —¿Y ya? —Si, me dijo que la llamara—despegue la mirada de la tarjeta, para posarla en la pantalla, donde aparecía mi mejor amiga, en el restaurante de algún hotel en Grecia. —¿Y ya lo hiciste? Vi como tomaba un poco de vino, mientras les sonreía a unos chicos que pasaban detrás de ella. Estaba segura de que apenas terminara nuestra llamada, iba a ir a saludarlos. —No estoy segura. —le dije un poco dudosa. —¿De qué? —De sus intenciones. Esas personas me lo estaban advirtiendo, aunque no dijeron nada explícitamente, los dueños de Industrias Lyron destruyen a la competencia, no estoy segura, de que quieran conmigo exactamente—mi mirada se volvió a desviar en la pequeña tarjeta. —llámala y Descúbrelo. Es verdad, que son bien conocidos por ser despiadados en los negocios, pero es mejor pecar de curioso, a quedarse con la duda. Cualquier cosa, igualmente te puedes negar. Pensé un poco las palabras de mi mejor amiga, mientras giraba la tarjeta entre mis dedos, no estaba segura de que camino tomar al respecto, todavía en mi cabeza rondaba lo que había pasado ese día, y todavía había algo que no me tenía tranquila respecto a esta situación, las palabras de Takeo seguían resonando en mi cabeza como una campana. Días atrás… —¿Perdón…? —no pude evitar preguntarle a la recién llegada. Ella seguía sonriendo con simpleza, sin una pisca de cualquier emoción. Era simplemente extraño—Me disculpo si las estoy importunando de cualquier forma, pero desafortunadamente no pude evitar escuchar vuestra con conversación, y estoy, realmente interesada en tu caso, Kate Ajax. La mujer que tenía enfrente mío era la definición de “limpio” su piel era cremosa, sin ninguna imperfección, maquillaje natural; ojos negros lisos, su cabello color rubio fresa recogido en una cola de caballo apretada, sin ningún cabello fuera de lugar, y un vestido n***o simple, sin mas accesorios que unos pequeños pendientes. Era acaso, esta mujer, ¿la que había comprado la joya mas valiosa de toda la subasta? —Perdón—repetí, me puse a la defensiva, había algo de esta mujer que no me gustaba para nada—, pero no entiendo, ¿Quién es usted? No pareció afectada por mi tono de voz e inteligentemente ignoro mi pregunta, pues su mirada se desvió de mi hacia la persona que estaba detrás mío. —Señorita ¿Petrova? Verdad, me pregunto si me podría dejar unos segundos con la Señorita Ajax, me temo que el tema que tengo que hablar con ella es un poco delicado, ya me comprenderá usted. —¿Kate? —Me pregunto Sonia con duda en su voz. La verdad no quería que se fuera, pero tampoco quería involucrarla de más en lo que fuera que estuviera pasando, no era buena idea provocar a la familia de su novio. —Esta bien Sonia, voy a la mesa en algunos minutos. Vi como Sonia caminaba hacia la mesa alejándose de nosotras, Takeo y Aaron nos estaban mirando fijamente, y algo en sus expresiones no me gusto. —Me disculpo si fui impertinente—la voz de aquella mujer me hizo voltear a su dirección de nuevo—, solo que entenderá usted, hay que ser discreto en algunas cosas. —¿Qué quiere de mí? —le pregunte directamente—, ¿Cómo usted me puede ayudar? ¿y porque quiere hacerlo en primer lugar? No creo en los favores desinteresados. Sabía que ni siquiera el favor de la señora Akura, de colocarme en una mesa tan privilegiada, era desinteresado, así mi madre hubiera sido su amiga, ella tarde o temprano me lo iba a cobrar, con deuda o sin deuda. Ella abrió su pequeña cartera de mano, y me paso algo, un pequeño rectángulo blanco. Su tarjeta. —Llámeme y descubrirá todo lo que necesita saber. —sus ojos se entrecerraron un poco—, por ahora, no es seguro hablar aquí, hay muchos oídos indiscretos. Le ruego por favor, que el contenido de esta tarjeta sea estrictamente privado. Y sin decir nada más, se dio la vuelta para ir se, pero en ese momento mi cabeza estaba revuelta en un montón de dudas, y saber que no tendría respuesta me puso ansiosa. —Espere por favor—ella detuvo su andar, pero no me volteo a mirar de nuevo—, ¿Cómo puedo confiar en usted? Y en sus intenciones. —No lo haga. —¿Perdón? —no pude evitar decirle por tercera vez. —No confíe en mí, confíe en mi jefe. Créame, señorita Kate, usted lo conoce muy bien. Y reanudo su paso, alejándose de mi y de todos, pues cruzo el salón hacia la salida, sin mirar a nadie más, ya solo en la puerta me dedico un pequeño asentimiento y abandono la fiesta. ¿Yo conocía a su jefe? No, era imposible. Ni siquiera mi madre se relacionaba con gente tan poderosa, ella en muchas ocasiones me dijo, que solo ser considerada amiga de la señora Akura era un milagro. Vi como muchos de los invitados me estaban mirando de reojo, algunos con miradas hostiles o de enojo, seguro por mi intercambio de palabras con esa mujer, que parecía representar los intereses de gente, no muy querida; Tomé un caramelo para disimular, y volver a la mesa, algo que era seguro, era que mis intentos de conseguir contactos hoy estaban arruinados. Sonia, Takeo y Aaron, me siguieron con la mirada hasta que me senté en la silla, un poco frustrada, por todo lo que estaba pasando. Mi motivo principal era conseguir contactos, tal vez futuros socios, lo único que me lleve fue una tarjeta de una mujer misteriosa. —¿Qué te dijo? —Aaron fue el primero en preguntar, con un toque de ansiedad en su voz—, vi que te dio algo, ¿es su tarjeta verdad? ¿Como se llama? Recordé lo que la señorita sonriente Lía, me había dicho. No estaba segura de quien era ella, pero si a quienes representaba, y algo seguro es que no era buena idea ofenderlos, pero tampoco quería ofender a Lafaorie, porque tampoco era una buena idea ofenderlos, así que simplemente le di una tímida sonrisa, y para mi suerte, creo que Sonia vio mi incomodidad, así que intervino. —Amor, no seas imprudente. —dijo ella dándole un beso en la mejilla—, estoy segura, que ella le dijo a nuestra querida Kate que todo fuera privado. Di un pequeño asentimiento, estando de acuerdo con lo que había dicho Sonia. Pero tuve mis labios estrictamente sellados, tenía tantas preguntas en mi cabeza, que quería preguntarles a ellos, lo que fuera. Aaron frunció el ceño, pero no preguntó nada más, se dispuso a beber de su copa ignorándome, por el contrario, Takeo me miraba fijamente. —¿Tienes algo que decirme? —no pude evitar preguntarle con una sonrisa, Takeo era definitivamente alguien interesante. —Ten cuidado. Se que no somos amigos, y estoy seguro, no quieres que se metan en tus asuntos. Pero, me pareces una persona que tienen una forma de ser tranquila y amable—dijo el con más seriedad de la habitual, como si no me estuviera halagando realmente—Pero, la persona con la que acabas de hablar representa a gente peligrosa, créeme, que yo admire la forma que compiten, solo es una muestra que no son buenas personas. —Eso quiere decir, ¿Qué tu no eres una buena persona? ¿Por eso los admiras? —no pude evitar decirle de manera sorprendida, nunca había visto a alguien que se dijera así mismo, mala persona. —No soy una buena persona eso es seguro. Y ellos tampoco lo son. . . . —Tierra llamando a Kate—escuche como la voz de Ruby me llamaba—, oye, estas más distraída de lo normal, si hablar con esas personas te causa incomodidad simplemente no lo hagas, buscaremos la forma de encontrar nuevos contactos, hablare con papa. —No—le dije de forma decidida—, la voy a llamar. Ella había arruinado mis posibilidades de encontrar contactos, tenia que ver que quería. Busqué mi teléfono, entre las sábanas de mi cama, y me dispuse a marcar el número que decía en la tarjeta, al segundo tono contestaron. —Señorita Winslion, habla con Kate Ajax. . . . La fachada de aquel lugar era imponente y elegante, mas tirando un estilo industrial con paneles de vidrió y metal. Fusionándose con el estilo, neoyorquino a la perfección, Cuando me adentré, la recepcionista, que se ubicaba a la derecha de la puerta, me dio una mirada evaluativa, viendo si podría pagar al menos un vaso de agua. —Buenas noches, ¿tiene reservada? — me pregunto con voz neutral. —Buenas noches, Si. Vengo en compañía de la señorita Lía Winslion. Su expresión cambio de aburrimiento, a sorpresa y de sorpresa a seriedad en unos pocos segundos, fue casi fascinante ver la reacción de la gente a esa mujer, me alegré que no fuera la única, que en definitiva se sentía incomoda con ella. —Claro que sí, señorita Ajax, se nos dieron ordenes estrictas de acompañarla—le hizo un gesto a un camarero que estaba esperando mas atrás de nosotras—, por favor, siga a Henry él la llevara con la señorita Winslion. —Muchas gracias—le dije a los dos con una pequeña sonrisa. Y efectivamente empecé a seguir al camarero, que serpenteaba con rapidez por las diferentes mesas. El lugar por dentro definitivamente no decepcionaba, con ladrillo y cristal daba la impresión de estar en un lugar caro, pero familiar, los grandes paneles daban vista al trafico de new york, pero toda la atención estaba en la tarima, donde una banda de Jazz hacia una pequeña presentación. En una de las zonas mas apartadas, se encontraba la señorita Winslion, en una postura recta, no me noto enseguida, pues estaba absorta mirando el paisaje a través de la ventana, pero cuando nos acercamos más y pudo notarnos a través del reflejo, cambio su gesto serio a una sonrisa y se levanto de la silla para recibirme. —Espero no haber llegado tarde—le dije como saludo. —No se preocupe, yo también acabo de llegar. Nos sentamos en la mesa para dos. Curiosamente no pude evitar notar, como el restaurante parecía lleno, pero las mesas a nuestro alrededor estaban desocupadas. —Como dije, es mejor no tener oídos indiscretos cerca—dijo la señorita Winslion, en voz baja al ver mi curiosidad. Solo apunte a sonreír un poco y tomar un poco del vaso de agua que estaba en mi lado de la mesa. No quería saber, cuánto dinero había gastado para apartar dos filas de mesas. El mesero se acercó rápidamente, pasándonos la carta. Le eche una rápida mirada, y definidamente todo era astronómicamente caro, hasta para lo que yo estaba acostumbrada. —por favor, pida lo que desee, la comida hoy corre por mi cuenta. —por favor no se moleste. —le dije con formalidad, lo último que quería era deberle algo a ella. —Insisto. Suspire. No parecía una mujer, que estuviera acostumbrada a que le dijeran que no, así que solo le di un pequeño asentimiento, para hacerle saber que agradecía su gesto, y sumergí mi cabeza en la carta, pensando, como iba a afrontar esta reunión, tenían tantas preguntas dispersas en mi cabeza, que no sabía por dónde empezar. Después de unos minutos, en completo silencio de parte de las dos, el mesero se puso al lado e nosotras otra vez, así que elegí lo primero que vi. —Por favor, una Lasagna. —le di la carta al mesero para que se la llevara. —No sabía que usted era de gustos sencillos—Lía me dio una sonrisa divertida, y dándole la carta al mesero le dijo: —Deme una a mí también. El dio una pequeña reverencia y desapareció rápidamente. —No sabia que daba la impresión de ser una mujer ostentosa—le dije. —Mas bien, una mujer elegante—me respondió ella—, pero con eso se nace, la alta cuna no lo puede dar todo, ¿No? —¿Qué necesita de mí, Señorita Lía? —le pregunte sin dar mas rodeos, a decir vendad, por dentro estaba que me daba un ataque de ansiedad—, ¿Por qué me cito aquí el día que la llame? —No creo que lo que tengamos que hablar sea conveniente hacerlo por teléfono. En definitiva, quería hacerlo después de cenar, pero tiene coherencia en su búsqueda de respuestas, me temo he sido un poco evasiva. —Téngalo claro, señorita Lía. Usted sabe como dejar a las personas en el borde del asiento. Ella rio un poco y después sobre la mesa me tendió un sobre de manila. Lo recibí, y la miré buscando explicaciones, pero desvió su mirada otra vez, hacia el paisaje de new york. Metí mi mano en el sobre, y saque lo que había en su interior, creo que mi primera reacción fue sorpresa, y después una sensación de terror recorrió los dedos de mis pies hasta la punta de mi cabello. Eran fotos. Fotos mías. Cuatro de ellas. La primera era cuando todavía estudiaba en el collage aquí en new york. Era joven, tal vez diecisiete años, Kennett estaba a mi lado, con uno de sus brazos encima de mis hombros. Recuerdo ese día, estábamos celebrando el posible interés de uno de los quipos más importantes de los Ángeles en Kennett para la siguiente temporada. La segunda era en Francia, cuatro años atrás, cenaba con Ruby en un restaurante del occidente de parís, recuerdo muy bien, que ella había terminado con uno de sus interminables amores, así que la había invitado a un buen casoulet con vino, nunca había visto a Ruby más triste. La tercera era en el funeral de mi madre, era primavera, así que en la foto el contraste de las flores, con el vestido n***o que llevaba ese día, sin duda era interesante, la señora Akura se hallaba a mi lado, el resto de invitados difuminados en manchones negros. Como si fueran fantasmas, o demonios. La cuarta y ultima fue hace un mes y medio, era yo recogiendo mis maletas en el John F Kennedy, a mi llegada a new york después de ocho años. Mi cara, cubierta con grandes anteojos negros, que no podían disimular el cansancio, me transporto a todo lo que había vivido ese día. —¿Qué es esto? —sentí como mi voz temblaba—, ¿Cómo consiguió estas fotos? ¿¡Quién es usted!? —Le ruego por favor, que no tenga miedo. Estas fotos son la evidencia, que conocemos todo sobre usted, cada detalle. Es por eso, que podemos hacer la propuesta que venimos a realizar. —No me asuste mis ovarios, ¿Quién es usted? ¿cree que esto es normal acaso? —le pregunte con ironía—, los puedo demandar por esto, ¿Usted sabia? ¡ilegal es la palabra! Psicópata también. Ella no parecía para nada afectada por mis palabras, como si estuviera fieramente convencida que tomarle fotos a la gente, fuera algo normal. —Por favor lea esto, creo que comprenderá usted la situación de una mejor forma—me tendió lo que parecía una carpeta con documentos, la mire con duda, ¿Qué habría ahí? ¿Mi cordón umbilical o un cabello mío? Ella espero con paciencia sin bajar la mano. Tomé los documentos y los abrí con rapidez, era mejor terminar con esto, y hacer que lo que acabo de ver, no sucedió que en definitiva no sucedió. Así podría continuar con mi vida, lejos de esta gente loca, Takeo estaba equivocado, ellos no eran malas personas, de paso estaban locos. Y lo peor, es que si creí que la sorpresa más grande, eran las fotos, estaba férreamente equivocada. —¡Que carajos es esto! —Un contrato de matrimonio. Cada cosa que pasaba me dejaba aterrorizada, ¿Es este su concepto de “comprender”? Mire con incredulidad su tranquilidad, casi quería levantarme de la mesa, y arruinar su perfecta cara y su perfecto cabello, ¿era acaso una broma de mal gusto? Las palabras parecían no querer salir de garganta, un nudo se instalo en la boca de mi estómago, subiendo hasta mi tráquea, haciendo que fuera difícil respirar. —para ser mas directa, como puede leer en el contrato, mi jefe quiere hacer un contrato matrimonial con usted, a cambio de que, él salve a su empresa de la bancarrota. —¡Ustedes…! El mesero llego con las dos lasagnas, dejándolas prolijamente en cada posición, el olor a carne y queso inundo la mesa, pero ahora solo me producía arcadas todo lo que viniera de aquella mujer, yo sabia que algo no me gustaba de ella, pero ignoraba que fuera una loca. El mesero se volvió a alejar rápidamente cuando termino su trabajo, y me asegure que estuviera relativamente lejos para continuar: —¡Están locos! ¿Cree que yo me voy a casar con un desconocido por dinero? —le dije incrédula—, no se quienes sean usted y su jefe, pero me repugnan, si se vuelven a acercar a mi… Sentía como mi pecho dolía, y mis manos temblaban. —Mi jefe no es un desconocido para usted, señorita Kate, el mismo tomo las fotos que usted puede ver, créame cuando le digo que ustedes dos no son personas desconocidas. — Me interrumpió, después de comer un poco de Lasagna. su falsa amabilidad, a este punto me irritaba, ya no quería ser formal. —Usted y el psicópata de su jefe, se puede ir a la mierda. Se lo voy a repetir una vez más, ¡No me importa quien sea! Lo quiero lejos de mí, o si no, los voy a demandar. ¡Aléjense de mí! Me levante rápidamente de la mesa, y Sali de aquel lugar, ella no me siguió o hizo el intento de hacerlo, como si ya se esperara esta reacción de mi parte. Volví a atravesar el vestíbulo a toda velocidad, la recepcionista dijo algo como: Buena comida. Pero no me quede a detallar, solo cuando volví a salir a las frías calles de new york, me pude permitir llorar.
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