2. Confesión

2449 Words
—¿Entonces, como te ha tratado la vida estos años? Saboree mi café pensando en que iba a responder, no es que la situación de mi familia, y principalmente, mi propia situación, fueran algo privado al ojo público, pero, aun así, todavía sentía ese singular apretón en el pecho, cada vez que me tocaba hablar del tema, aunque estoy segura de que su pregunta fue una simple formalidad. —Bueno, digamos que espero que se acerquen tiempos mejores—dije dándole una sonrisa forzada—, ¿Y tú, Kenny? Perdón si mi pregunta te incomoda… pero ¿Qué haces aquí? Vi como su sonrisa flaqueaba, mientras tomaba asiento enfrente mío, juntando sus manos encima de la mesa. —Digamos que espero que se acerquen tiempos mejores. No pude evitar alzar las cejas con sorpresa, mientras me volvía a escudar en mi café para pensar. Kennett Brown, había sido el sueño mojado de media universidad y la envidia de la otra mitad, asquerosamente rico, injustamente guapo, el quarterback, la estrella, mi novio. Su familia estaba en el negocio del futbol americano, su padre Rick Brown, un exjugador muy reconocido y director de uno de los equipos mas grandes del pais, su madre una ex -supermodelo, su mánager, ¿Qué hacía trabajando en un café del centro? —Puedo oír como tu pequeña cabecita está trabajando. —Oh, lo siento—Dije un poco avergonzada por haberme quedado en mis pensamientos, mientras bajaba mi café. —No te preocupes, es apenas normal, digamos que la ultima vez que nos vimos los dos estábamos en situaciones muy diferentes—Me dijo sin quitar la sonrisa de su rostro, pero con un tono de melancolía en su voz que hizo que mis manos temblaran. Tenía razón, la última vez que nos vimos, éramos personas totalmente diferentes, yo tenía dieciocho años de ser una persona, inmadura, arrogante y narcisista, que no le importaba jugar con los demás, que vivía de las apariencias. Sonreí con ironía. Que termino perdiendo en su propio juego, y que pago muy caro eso. —Me case con Carla Bull. Sentí como el sorbo de café que acaba de tomar entraba en algún lugar diferente a mi tráquea, provocando un ataque de tos vergonzoso, que hizo que varios clientes alrededor voltearan sus cabezas para mirarme. Bajé mi mirada a la mesa apenada por la situación, y vi pequeñas gotas de café arruinando la madera. —¡Disculpa! —Exclamo Kenny pasándome una servilleta, la cual use para limpiar con delicadeza el borde de mis labios, tratando de conservar algo de dignidad, cuidando no borrar mi labial; para después poder secar el café que se había regado—. Sabía que te sorprendería, pero no pensé que la noticia de mi matrimonio hiciera que la sofisticada Kate Ajax, perdiera la compostura. Le di una mirada de advertencia por su tono burlón, mientras el alzaba las manos con inocencia tratando de no reírse. Claro que él sabía que me sorprendería, ya era lo bastante impactante encontrármelo trabajando en un café, para que después me diga que se había casado con Carla Bull; si no fuera por su expresión honesta, y que vi como su mirada se iluminaba al nombrar a su “esposa” casi hubiera pensado que esto era algún programa de bromas barato, el cual había decidido que la arruinada Kate Ajax era un objeto perfecto de entretenimiento personal. —Quiero escuchar la historia larga—Le dije con una sonrisa irónica. Él suspiro, pero no parecio desanimado de contarme su situación. —Bueno, cuando escapaste a Europa, estaba muy confundido. No le dijiste nada a nadie, un día estabas en el collage, al otro habías cambiado de teléfono y te habías ido del continente. Estaba bastante confundido, por meses estuve confundido. —Lo siento—Le dije con voz suave, pero no hice el intento de excusarme o dar explicaciones; se que fue una decisión horrible, pero era la mejor en ese momento, sé que él no lo comprendería, nadie lo haría. —No te disculpes. No te preocupes, digamos, sé que esto no importa mucho ahorita, pero prefiero decírtelo yo, —Dijo un poco inseguro y por primera vez desde que estoy en este café, su expresión era seria—digamos, que puede que, en esos meses de confusión, me haya acostado con una de tus mejores amigas. No pude evitar reírme, era un idiota, ¿Qué ganaba con contarme esto siete años después? Y su expresión era a un mas graciosa, como si fuera a la horca por cometer un delito capital. Para nadie era un secreto que nuestra relación amorosa, solo era una mentira cuidadosamente planeada, el no me amaba, desde el momento cero me fue infiel con chicas de bares u otras universidades, aunque nunca le dije ni le diré, que estaba enterada desde un principio, porque sería hipócrita recriminarle algo cuando yo estaba con el aburrimiento, por apariencias. —Déjame adivinar, fue con Gabrielle. —¡Oye porque te ríes! ¡Y como sabes que fue con ella! —exclamo sorprendido—¡No me digas que todo ese tiempo nos estuviste espiando! Alce una ceja con incredulidad, mientras tomaba un sorbo de mi café. —¿Crees que gastaría mi dinero y mi tiempo para espiarlos? Un bonito rubor se extendió por sus mejillas, y me dieron aganas de apretarlas. Era un idiota. —Para nadie era un secreto que le gustabas a Gabrielle, y que en la más mínima oportunidad que tuviera se iba a meter en tus pantalones—le dije que su fuera obvio. —Pero era una de tus mejores amigas. —¿Y eso la detuvo cuando no estuve? —Le pregunte con una sonrisa burlona. Vi como se perdía en sus recuerdos, mientras miraba sus dedos entrelazados encima de la mesa. Kennett había sido una persona horrible cuando estaba en la universidad, era él deportista prototipo, pero también era el infiel, mentiroso, y bully prototipo de cualquier película de Hollywood; sabia que me mentía, pero decidía ignorarlo, me era infiel, decidí ignorarlo, se aprovechaba de los más débiles, decidí ignorarlo y ayudarlo. Yo también era una persona horrible. Solo que, esta versión de Kennett Brown, la que trabajaba en un café, con un trapo en su hombro, con su cabello rubio recogido en una coleta baja, sus ojos azules, más cálidos de lo que solían ser, con sus musculosos brazos atrapados en un uniforme simple de colores terrosos, en vez de un uniforme de futbol, la versión que se había casado con Carla Bull, no con Gabrielle Simón o Karla Ajax; esta versión me tenia impresionada. —Pase meses así, hasta que…me enamore. No pude evitar sonreír al escuchar como su tono de voz se suavizaba, y sus ojos azules se aclaraban bajo las luces amarillentas. —¿De Carla Bull? —¿Pensabas que iba a terminar con Gabrielle? —Me pregunto un poco ofendido, aunque solto una pequeña risita. —Pues era una opción más viable, que con la líder del club de ajedrez. Le dije con una ceja alzada. —En realidad, Gabrielle se fue un año después de tu partida, nadie supo el porque, pero en ese tiempo decían que había sido porque quedo embarazada de un tipo. No lo se. Aunque, cuando la veo en entrevistas, nunca ha nombrado ningún hijo. Delinee el borde de mi taza, mientras inclinaba mi cabeza con curiosidad. Si que habían pasado cosas interesantes. —¿Y su romance fue tan cliché como suena? —una sonrisa se instaló en mis labios—. ¿Acaso se chocaron en medio del pasillo y te diste cuenta de que tan hermosos eran sus ojos detrás de sus gafas cuadradas? —Fue una apuesta. Por su virginidad. Se lo que estas pensando, si soy un cabrón, créeme para estar casado actualmente con ella tuve que sufrir, mucho—me dijo con seriedad—, una cosa llevo a la otra y termine enamorado. Sonreí con ironía. ¿Quién era yo para tratarlo de cabron? Casi estaba contando mi propia historia, solo que yo termine psicológica y físicamente destruida, y mi Carla Bull, muy lejos de mí, lejos de mi. —Tienes una facilidad de casi arruinar vidas con apuestas—Le dije con una sonrisa, aunque sé que un atisbo de rencor se deslizo en mi voz, así que tosí un poco para disimular—. Igual, ese es un cliché aun mas cruel del que había imaginado. Él se rio un poco. Sin gracia. Por su mirada se que había captado mi indirecta, y no pude evitar maldecirme, estábamos entrando a terrenos prohibidos. —Si fue una mierda. Mi padre me desheredo cuando se entero que estaba con Carla, me echaron de casa, por ende, no termine la universidad, y no pude seguir en el futbol, he trabajado desde entonces, hasta que hace tres años mis abuelos se compadecieron de mí, y me ayudaron a montar esta cafetería, nos ha ido bien. —Ya decía yo, porque no te habían dicho nada, mientras estas aquí sentando, contándome chismes. Eres el dueño, eh.—Bromee—Pero aun asi, es increible Kenny, este cafe es genial, me alegro que al final todo resultara bien. —Si, te reconocí apenas entraste, y quería saludar. Y gracias. Un cómodo silencio se instaló entre nosotros, mientras terminaba mi café, el cual ya estaba un poco frio. Tal vez ya era hora de irme, todavía tengo cosas que hacer en la empresa. —¿Tú me hubieras perdonado? Su pregunta me sorprendió un poco, pero no me deje intimidar, y le respondí con burla: —Te hubiera dejado, realmente. Sus ojos azules ya no eran divertidos, su mirada era seria, y sus labios delgados estaban apretados en una fina linea. ¿Se había enojado? —Kate, todos dicen que te enamoraste de él. De verdad. Oh, no. Mierda. Sabia que no lo dejaría pasar tan fácil. —No quiero hablar de eso, Kennett. —Después de que él se fue, tú saliste corriendo para el otro lado del océano. Aunque no lo creas, realmente estaba pensando en tus razones, para irte, así. Y todo encaja, con la apuesta, con la broma, todo. —¡Kennett! —exclame con enojo—. No quiero hablar de eso, no quiero hablar de él. Nunca más. … Cerré la puerta detrás de mí, mientras descalzaba mis tacones para sentir la fría sensación de la madera contra la planta de mis pies, calmando el dolor que empezaba a aquejarme en los tobillos. Deje todas las bolsas de compra encima del sofá. Me dirigí al baño y puse a llenar la bañera, me desmaquillé y recogí mis rizos en una cola alta. Mientras el agua enfriaba un poco decidí hacerme un sándwich de jamón y ver el canal de noticias, donde aparecía una linda pelinegra, con una sonrisa falsa para los tele espectadores. En otras noticias, industrias Lyron anuncia que sus utilidades han aumentado un 62% respecto al año pasado, esto por el contrato armamentístico que la empresa firmo con Israel a principios de este año. Esto la convierte, no solo en la empresa que mas crece en el sector, si no la empresa que mas crece en el mundo este año; esto sin tener las declaraciones de final de año. La pelinegra miro a la cámara con una sonrisa pícara. Pero, definitivamente, aunque el crecimiento de Lyron es una Azaña de admirar, creo que todos estamos de acuerdo, que la identidad de la cabeza o cabezas detrás de esta joya de la tecnología, es algo que a todos nos tiene intrigados, pregunto: ¿Cuándo podremos conocer quién está detrás de este mega conglomerado? ¿Y porque intenta permanecer en las sombras? Industrias Lyron… Era un nombre que venia sonando hace tres años, surgió de la nada, nadie sabía de donde salió, quienes son sus socios o sus dueños, pero algo que se tenía muy claro, era que, en poco tiempo se convirtió en un conglomerado de armamento y tecnología, que empezó a absorber empresas de su mercado, hasta ser el amo de la industria de armamento. Sabia que aquella empresa, o no los dueños de esa empresa, ya habían cosechado diversos enemigos, que habían quedado en la quiebra por su forma hostil de competir. ¿tal vez por eso no se muestran...? Termine mi sándwich con rapidez, apague el televisor, y me dirigí otra vez al baño, no había cosas muy interesantes, solo chismes de la farándula, como embarazos o infidelidades, donde los reporteros con sus caras maquiavélicas luchaban por sacar la nota más jugosa, y por jugosa, me refiero donde hubiera más sangre, sudor y lágrimas, muchas lágrimas; también había escándalos de corrupción, pero esto pasaba más rápido, a nadie le importaba lo que hicieran los políticos. Si quisiera ahogarme en chismes ajenos, podría retratar mi propia vida, que, en este momento, parecía un cliché barato de karma. Me metí a la bañera, mientras me relajaba entre el agua tibia y la espuma fragante, mientras mi mano derecha se dirigía entre mis piernas, para acariciar mi carne sensible, hace mucho tiempo no hacia esto, seria mas fácil con mi amigo de pilas, pero ahora estaba guardado en el fondo de mi armario, y no me apetecía salir de la comodidad de las burbujas. Dos dedos se sumergieron dentro de mí, mientras los curvaba un destello de placer recorrió mi columna, puse otro en m botón sensible, y masajee, un nudo se instalo en mi vientre bajo, y cuando lo sentí, cuando iba a explotar… se fue. Abrí los ojos frustrada, mientras sentía ganas de llorar, parecía que actualmente ni a eso tengo derecho. No se si es el estrés o soy yo, yo que me dañe, pero no puedo, el placer se va y por mas que lo intento no regresa. Mordí mi labio inferior, mientras me terminaba de bañar, y envolvía una toalla alrededor de mi cuerpo. Regresé a mi habitación y me senté en la cama con un poco de enojo. Hoy dormiría desnuda, ahora mismo la tela contra mi piel frustrada se siente incomoda, tire la toalla al piso, ya mañana organizaría, en este momento solo quiero dormir, y no pensar más. Me estire hacia la cómoda que estaba al lado de la cama, para prender una pequeña vara de incienso. Tal vez eso me ayudaría a dormir mejor. Pero vi un papel, estaba doblado de manera precisa aun lado de mi cómoda, era pequeño e impoluto. fruncí el ceño, no me acuerdo de haber dejado algún papel aquí; lo cogí y lo abrí. Muy pronto muñequita, muy pronto.
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