Caleb. Sábado, 17 de Marzo de 2018. Había llegado recién al patético internado religioso al que me obligaba a llamarle: instituto. Con la canción «Mercury» de Ghostemane sonando al máximo por los auriculares que cargaba, y que me destrozaban los oídos en plena mañana. ¡Pero al carajo! ¡No tengo porqué escuchar lo que los demás me digan! ¡Todos estos imbéciles hijos de papi y mami son una bola de inútiles con los que no quiero tratar en mi puta y jodida vida! Al entrar por las puertas metálicas dándoles un fuerte empujón con rudeza, quité de mi camino a varios de esos ricachones de un solo manotón y que estaban en medio; estorbando por dónde yo iba pasando, haciendo que el ruido que ocasionaban al chocar sus cuerpos contra los casilleros interrumpieran mi música. ¡Qué fastidio con ellos!

