—Lo siento, mamá. —repetí de nuevo con un tono más sensible, sincero. Pensaba que esas palabras lo solucionarían todo, ya que mi único motivo era hacer que mi madre no sufriera por mí, y era deprimente ver que no lo conseguía ni un poco y que mis esfuerzos eran en vano. —Scott, cariño... —vaciló antes de seguir hablando, mientras que evaluaba mi reacción—. Recuerda que no eres la única persona que ha pasado por ese dolor. —mencionó entonces, y supe que se refería a... mi padre. —Lo sé. —mi tono inexpresivo regresó, tanto como mi expresión vacía. —Escucha, cariño. Creo que... quizás... por tu bien... necesites algún tipo de ayuda. —¿Ayuda? Mamá se rascó la barbilla con esa expresión melancólica, pensando en las palabras adecuadas para responderme. —Cuando tu padre tuvo ese paro en el

