*** Debido a que había salido demasiado temprano de mi casa, acabé llegando al instituto siendo de los pocos primeros. No habían más de tres estudiantes caminando por ahí. Eso tenía una buena parte ya que podía sentarme donde quisiera y aun así estaría solo, por otro lado era malo porque disponía de tiempo libre en abundancia, y eso no hacía más que hacerme pensar en él. Por eso en medio del caos que era mi cabeza, entré al edificio para buscar un lugar en los pasillos para sentarme, no quería estar en la cafetería. Por eso me senté en los pasillos, y dispuesto por primera vez, a tratar de mejorar un poco, decidí tratar de distraer mi mente al sacar de mi mochila el libro de Cálculo. Lo hojeé hasta la parte en que íbamos a empezar éste día e intenté comprender el sentido de lo que leía.

