Capítulo 7. No eres como las demás.

1034 Words
Derek. Derek Winston cerró el expediente del proyecto con un movimiento decidido, pero no logró borrar a Ellen Grey de su mente. Había sido una semana intensa, como todas en su vida, pero esta vez había algo diferente: la presencia de ella. Ellen representaba un aire fresco en su monótona rutina, un aire que lo llenaba de intriga y una extraña necesidad de conocerla más a fondo. Desde el primer momento en que revisó su currículum, Derek había sentido curiosidad por esa mujer que, a pesar de su breve encuentro una noche meses atrás, había decidido aplicar a su empresa. Al principio, creyó que buscaba aprovecharse de su conexión, pero durante la entrevista, Ellen no dio ninguna señal de recordarlo. Ese desinterés aparente lo había desconcertado y, al mismo tiempo, lo había impulsado a contratarla. Querer descubrir si ella realmente no lo recordaba o si estaba fingiendo era ahora un juego personal. Ese viernes, cuando Ellen pasó frente a él al salir de la oficina, Derek no pudo evitar quedarse mirándola. El vestido lila que llevaba resaltaba su belleza de una manera distinta al profesional traje sastrero que usaba todos los días. Había algo en ella, una luminosidad que atraía todas las miradas, pero que él deseaba exclusivamente para sí. Mientras ella desaparecía por la puerta principal, Derek tomó una decisión impulsiva. Se puso de pie, agarró su chaqueta y siguió a una distancia prudente. Queriía saber adónde iba, qué hacía fuera del ambiente laboral, y sobre todo, con quién pasaba su tiempo. Ellen caminó varias cuadras hasta llegar a un bar animado en una esquina. Derek estacionó su auto en una calle cercana y entró al lugar poco después. La vio reunirse con dos amigas, ambas riendo y hablando cálidamente. Ellen parecía relajada, feliz, y Derek sintió una punzada de celos al no ser parte de ese momento de su vida. Se sentó en una mesa apartada, ordenando un whisky mientras observaba de reojo. Las risas de Ellen llenaban el lugar, y cada tanto, Derek notaba cómo los hombres alrededor la miraban con admiración. Le molestaba, aunque no entendía del todo por qué. Sabía que no tenía derecho a sentirse así. Un camarero pasó cerca, y Derek lo detuvo con un gesto. —Lleva una ronda de lo que ellas están tomando, pero no les digas quién la envía. El camarero asintió y siguió sus instrucciones. Desde su asiento, Derek observó la reacción de Ellen. Ella frunció el ceño al recibir la bebida, intercambiando una mirada curiosa con sus amigas. Finalmente, alzó la copa como si agradeciera en dirección al bar en general, sin saber a quién dirigirse. —Interesante —murmuró Derek para sí mismo, una sonrisa curvándose en sus labios. La velada continuó, y Derek permaneció en su mesa, observando con discreción. Mientras Ellen y sus amigas hablaban, pudo captar fragmentos de su conversación. Se percató de que hablaban de trabajo, de algunos desafíos que Ellen mencionó con entusiasmo y otros con cierta preocupación. Era evidente que tomaba su empleo muy en serio, algo que él ya había notado durante la semana. Sin embargo, también notó que, a pesar de las risas, había momentos en los que Ellen parecía distraerse, como si sus pensamientos estuvieran en otro lugar. Esa expresión, breve pero recurrente, lo intrigó aún más. Cuando Ellen y sus amigas se levantaron para irse, Derek salió discretamente antes que ellas y volvió a su auto. La siguió a una distancia segura hasta asegurarse de que llegara a casa. Solo entonces, permitió que un suspiro escapara de sus labios. De regreso en su apartamento, encendió su teléfono y escribió un mensaje. Derek Winston: Espero que hayas tenido una buena noche. Descansa, la próxima semana será aún más desafiante. Mientras esperaba una posible respuesta, se recostó en el sofá con un vaso de whisky. Miró al techo, intentando ordenar sus pensamientos. Ellen no solo era una empleada eficiente y creativa, sino también una mujer que despertaba algo en él que no había sentido en mucho tiempo. Pero él sabía que mezclar los negocios con lo personal era un terreno peligroso. Al día siguiente, mientras revisaba los detalles del proyecto, ya que ese sábado debía de trabajar, Derek no podía evitar pensar en Ellen. Recordaba su risa, la forma en que sus ojos brillaban cuando hablaba con sus amigas. Había algo en ella que lo hacía querer saberlo todo, desde lo más superficial hasta lo más profundo. —Derek, necesitas concentrarte —se dijo en voz alta, pasándose una mano por el cabello. El sonido de su intercomunicador interrumpió sus pensamientos. —Señor Winston, tiene una reunión programada en quince minutos —informó su asistente. —Gracias, Lauren. Allí estaré. — Por esa reunión es que había asistido este sábado a la empresa, debía de encontrarse concentrado por el proyecto y porque no era su estilo perder la cabeza por cualquier cosa y menos por una mujer. Se levantó, enderezó su corbata y salió de su oficina, pero mientras caminaba por el pasillo, su mente seguía llena de preguntas sobre Ellen. Sabía que pronto tendría que tomar una decisión: mantener la distancia profesional que exigía su puesto o arriesgarse a cruzar límites que nunca antes había cruzado. La reunión resultó ser menos productiva de lo que esperaba. Su mente seguía divagando, y cada vez que trataba de concentrarse, una imagen de Ellen aparecía en su cabeza. Cuando finalmente terminó, regresó a su oficina y se apoyó contra el escritorio, mirando por la ventana hacia la ciudad. —No puedes seguir así —murmuró, frustrado consigo mismo. Su teléfono vibró, interrumpiendo sus pensamientos. Era un mensaje de Ellen. Ellen Grey: Gracias, señor Winston. Espero estar a la altura de los desafíos. Una sonrisa se formó en los labios de Derek al leer su respuesta. Había algo en su tono, siempre profesional pero con un toque de calidez, que lo desconcertaba y lo atraía al mismo tiempo. —Ellen Grey, definitivamente no eres como las demás —murmuró, dejando el teléfono sobre el escritorio. La semana siguiente prometía ser aún más desafiante, pero Derek no podía evitar esperar con ansias cada momento que pudiera compartir con ella, aunque fuera bajo el pretexto del trabajo.
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