Ellen. Ellen Grey se levantó ese miércoles sintiendo que el peso del mundo recaía sobre sus hombros. Aunque había comenzado a incluir algunas verduras en su dieta para evitar las constantes miradas inquisitivas de Derek, sabía que era una solución temporal. Su embarazo dictaba sus hábitos alimenticios, y no importaba cuánto intentara variar, su cuerpo rechazaba casi todo excepto frutas y jugos. La ansiedad de mantener su embarazo en secreto, junto con el estrés del trabajo, estaba empezando a pasarle factura. El día comenzó como cualquier otro. Ellen llegó temprano a la oficina, revisó su agenda y se dirigió a la sala de reuniones para una presentación clave con el equipo de diseño. Mientras hablaba, sentía cómo su energía se drenaba poco a poco. Sus pensamientos eran un torbellino: el

