Había tomado su mano y se la había llevado a uno de los mejores albergues de Puerto Madero. Necesitaba besarla con pasión y hundirse en ella hasta perderse por completo. No bien bajaron del auto, él la condujo hacia el Hall de entrada y luego de que la recepcionista le diera una tarjeta, se dieron hacia los ascensores. Ni bien las puertas se cerraron, él no pudo contener el deseo y se pegó al cuerpo d la chica, tomando con fuerza su rostro para comenzarla a besar con desesperación, como si tuviera todo el deseo contenido en el cuerpo, como si jamás la hubiera tocado. La deseaba, la deseaba en ese momento. Sus manos no tardaron en hacer contacto con su piel desnuda cuando, como de costumbre, arrancó los botones de su camisa dejando al descubierto su sostén color rosa pálido. Ninguno

