IV
"Quien siembra vientos, cosecha tempestades"
Esa noche en la cena de los Castle, Hanna estaba decidida a salir por primera vez al mundo. La idea de asistir a una escuela le dominaba los pensamientos, quería conocer personas nuevas, hacer amigos y ver a Julian con más libertad. Esperó paciente a que Jasper terminara de comer, le miró y le sonrió.
—Papá, quería decirte algo, o mejor pedirte algo.
—Si necesitas algo, Hanna, no dudes en pedírmelo. ¿Qué quieres?
—Papá —dijo mientras estaba más animada aún por la respuesta de su padre; y mirándolo como un Castle lo hacía, con fuerza y determinación, prosiguió—. Como sabes mis médicos han dicho que me encuentro muy bien y que puedo vivir mi vida como cualquier joven de mi edad. Papá, por favor, quiero entrar a una escuela a estudiar.
Jasper miró asombrado a su hija, con un tanto de temor y otro de incredulidad. Hanna no había salido casi nunca de su casa, estando bajo una estricta supervisión los 17 años de vida que tenía. Su enfermedad le había limitado mucho, pero también deseaba que viviera un poco más. "Nana", como le decía a su hija, era su vida entera, su corazón, sus pensamientos, y temía que al conocer el mundo como era, algo la dañara, pues entonces se volvería loco. Salió de sus pensamientos y le vio a la cara.
—Nana, será muy difícil que de un momento a otro te acostumbres a una vida nueva, no obstante, la gente fuerte es aquella que se adapta a todo. Ahora no puedo negarme a nada de lo que me pides y solo porque sé que tu enfermedad está casi controlada, accederé a que vayas a una escuela y termines tus estudios. Luego, supongo que irás a la universidad y todo eso que me hará sentir viejo.
—¡Gracias papá! —respondió la niña, mientras iba hacia él y lo abrazaba. Jasper Castle había cambiado un poco desde el nacimiento de su Nana, aunque seguía siendo el mismo déspota y tirano ante la gente, con sus hijos se transformaba en un ser diferente e incluso dulce.
—Bueno, haré los preparativos para que vayas a la escuela con Miki...
—¡No! —gritó la chica sentándose en su lugar—. No quiero ir a esa escuela... yo deseo asistir a la escuela pública, esa en la que tu iniciaste. —Jasper Castle abrió los ojos casi aterrado.
—Ya imagino por qué —intervino, hasta el momento un muy callado Miki—. Quieres revolverte con esa manada de pobretones que serán tus amigos por interés. Ya uno de ellos en muy cercano a ti, ¿verdad? El estúpido de Julian Archer.
—Te rogaría, Miki, que no intervengas en una conversación que solo nos incumbe a papá y a mí. Obviamente no quiero entrar a tu escuela y terminar comportándome como tu, así que papá...
Hanna volvió la vista a su padre, quien estaba por completo impactado con lo que había oído. El apellido “Archer” se le había estrellado en el pecho, enterrando aún más el puñal que llevaba desde hacía 18 años. Jasper Castle se desencajó de tal manera que se levantó de la mesa, se acercó a su Hanna y le acarició el mentón, reiterándole que las cosas se harían como ella las deseara. Miki, se quedó con la ira atravesada en el pecho, envidioso de que Hanna se llevara siempre la satisfacción de ser atendida. La verdad los celos eran absurdos, pues Jasper siempre lo complacía en cuanta tontería se le ocurría a su hijo mayor.
***
Era ya muy tarde y sabía que nadie más llegaría. Empezó a apagar las luces, y los faros de un auto le llamaron mucho la atención. Entraron a su tienda casi sin hacer ruido, Irina se asustó un tanto, pero tendría que hacerle frente a quien fuera.
—¡¿Quién está ahí?! —gritó, saliendo a media luz. Pero el silencio era cómplice de la persona que había entrado. Pensó que era solo su imaginación, cosa que tuvo que borrar de la cabeza cuando sintió un poderoso abrazo por detrás.
No tuvo tiempo de reaccionar, la viraron y estrellaron unos labios con los suyos. Lanzó puños al aire, no obstante, nada pudo reducir a su captor de cabellos castaños y ojos azules, tanto como los de su hijo. El señor todopoderoso, Jasper Castle, estaba ahí. Como pudo, Irina se zafó del poderoso abrazo y lo empujó a una pared.
—¡Qué demonios crees que haces!, ¡Lárgate de aquí!
—Vengo por ti, Irina, y no me voy a ir sin lo que a ambos nos gusta.
Irina intentó correr, pese a eso, Jasper la tomó con fuerza por un brazo y la arrinconó a una pared. Se encontraron esas miradas, esas que jamás habían dejado de sentir el deseo y la pasión del uno por el otro. El hombre no soportó y con furia la tomó por la cintura para luego darle ese beso mal habido que ambos deseaban. Irina se aferró al cuello de aquel que le empezaba a buscar por debajo de la ropa, hasta que sintió como esa lengua húmeda bajaba por su cuello, que olía a gloria. Jasper amaba ese perfume que ella usaba, nunca, en 19 años, lo había cambiado. Era solo para él ese aroma.
—Jasper… —musitó la mujer, al sentir esa mano obscena bajar su pantalón y deslizarse por su entrepierna, hasta llegar a abrirse paso con sus dedos, que le acariciaban con la firme intensión de entrar. Ella gemía ya alto, mientras Jasper estaba muy ocupado quitándole también la blusa, para poder acariciar esos senos tan firmes, tan hermosos, como siempre los había tenido. Ahora eran un poco más grandes, era lógico, la primera vez que los tuvo entre sus manos, ella tenía a penas 16 años.
La tomó por las piernas, la levantó un poco y entró en su cuerpo. No soportaba más, quería sentirla suya, y que ella también supiera que Castle era su dueño. Irina se sostenía de lo que podía, gritando el nombre de su amante, pidiéndole más, percibiendo el olor de su sudor, ese que ya conocía también. Jasper empezó a moverse más rápido, ella sentía como esa electricidad subía por su vientre, y gritó, extasiada, mientras Jasper en un silencioso jadeo, terminó también.
Los segundos pasaban muy lentos, entre tanto ellos recuperaban el aliento. Que diferente era el cariño que se profesaban sus hijos, tan inocentes, tan tiernos. Ellos en cambio eran animales en celo, que no se podían controlar, e Irina odiaba en el alma eso. No poder alejar a ese hombre, que llevaba pegado en cada centímetro de su piel. Ellos, hace mucho tiempo también se amaron con ternura, se entregaron con la inocencia de la pura juventud, sin embargo, la realidad no les regaló una historia de amor.
Jasper salió con lentitud del cuerpo de su amante y se acomodó la ropa lo más rápido posible. Ella seguía ahí, recostada a la pared, semidesnuda, a penas respirando.
—Hasta cuando Jasper, hasta cuando vendrás aquí a buscarme...
—Hasta que tú dejes de recibirme — dijo Jasper, dando la vuelta dispuesto a irse—. Yo hago lo que ambos deseamos. Somos adultos, somos amantes, y no voy a permitir que otro hombre te tenga, jamás. Volveré...
Desde que Jasper supo que Irina había vuelto a la ciudad, le hacía "visitas" clandestinas, para poder de nuevo, entrar en su corazón. Lo que no sabía Castle era que él nunca había salido de la vida de ella, eso era prácticamente imposible, por miles de razones. Él por poco enloquece al saber que tenía un hijo tan grande sobretodo, y aunque no tenía nada en contra de Julian, ya que ni siquiera lo conocía, le enfurecía pensar lo rápido que Irina buscó consuelo cuando terminaron 18 años atrás. Ambos se amaban profundamente, pero había una brecha que Jasper no entendía y que Irina no podría cerrar, no hasta que fuera el momento.
ell vio salir al único hombre de su vida, no obstante, no se movió en mucho tiempo.
***
Fin capítulo 4