XIX Fue inevitable la partida de Isabella. Jasper no tuvo una lágrima para derramar por ella, ya él no lloraba. Pusieron en sus brazos a un bebé diminuto, una niña. Él la estrechó en su pecho mientras dentro de aquella sala, cubrían a la madre con una sábana. Sangre por doquier, doctores que le hablaban sin que él entendiera una palabra de lo que acababa de suceder. Solo miraba a su pequeñita, tan frágil y pálida, pensando en su futuro. Solo por ese momento, Irina Archer no estuvo en sus pensamientos. Tuvo que dejar a su pequeña en la clínica, algo también estaba mal con ella. Fue entonces que Jasper Castle, de 22 años, por primera vez en mucho tiempo, oró. Pidió al cielo, a quien pudiera escucharle, que cuidara de su niña, que le diera una oportunidad como no la tuvo él, que jamás permi

