LXI Se inclinó frente a esa que había sido todo en su vida, sin importarle que su abrigo se arrastrara con el césped bañado de rocío, ni las miradas que lo compadecían. El lugar del silencio estaba rodeado de árboles y el viento le hablaba, arrastrando a su oído algunas palabras lejanas, que parecían recuerdos de otras vidas, más no de la suya. Miró esa piedra fría donde su nombre resaltaba, sin embargo, no reflejaba para nada lo que ella había sido, tan alegre, tan llena de una luz mágica que alumbraba todo a su paso. Él miró la tierra a su alrededor, donde las otras Castle que la acompañaban. Luego los árboles que las custodiaban; recordó que muchas veces deseó ser uno de estos para poder siempre estar junto a su amada, dándole sombra en días de sol, o siendo su capa en días de lluvia,

