XL La alegría llegó a la casa en forma de un enorme ramo de rosas muy rojas. Para él eran un convencionalismo mientras averiguaba las que más agradaban a la hermosa dama dueña ahora de ese ramillete. El mayordomo subía con ellas muy despacio para no perder la vista en los escalones. Las chicas del servicio también miraban con mucha curiosidad el elegante ramo decorado con un listón dorado. Simplemente hermoso. —Señora, disculpe molestarla, pero llegó esto para usted —dijo lo más alto posible para que ella escuchara sin tener que llegar a los gritos. Victoria abrió la puerta de su habitación y exhaló un pequeño sonido de auténtica dicha al ver esas preciosas flores, tan rojas, tan vivas. Apenas si pudo con señas decirle al hombre dónde ponerlas, para luego en soledad apreciarlas. Las aca

