—Trata de mantener la calma. —Las palabras de Benet resonaban huecas, como si intentara convencerse a sí mismo más que a mí. —Llegaré antes del sábado, y no tendrás que volver a ver a nadie de tu familia nunca más, mucho menos a ese psicópata. Mis dedos apretaron el teléfono con fuerza, sintiendo cómo el cristal se empañaba con mi aliento entrecortado. ¿Cómo podía hablar con tanta ligereza de escapar? Como si fuera tan simple como hacer las maletas y desaparecer. —Solo aguanta un par de días, mi amor. —Su voz sonaba distante, como si ya estuviera planeando nuestro escape mientras yo seguía atrapada en esta pesadilla. —Todo va a salir bien. —No lo creo. —Confía en mí, Dian. Debo dejarte; tengo que atender esta reunión, pero al salir te llamaré. Quédate en un lugar seguro, actúa con nor

