—No voy a descansar hasta saber la verdad, Dian —expuso el abuelo, arruinando lo que quedaba de mi tarde en la terraza. Dejé escapar un suspiro frustrado, intentando desprenderme de la insistencia pegajosa de sus palabras. Era increíble cómo el tema seguía rodando entre nosotros, impidiéndome sentirme en calma en mi propio hogar. —Abuelo, basta. —Sin querer, mis dedos se deslizaron sobre la cubierta del libro frente a mí; El poder del ahora. Busqué en sus páginas un respiro, un escape del terrible recuerdo que resultó... ir a Palermo; una verdad que debía permanecer oculta de él. Abraham Aveline, no podía saber que Ayse se había colado en nuestro viaje de negocios porque Benet lo permitió. Menos aún enterarse de que había reanudado mi relación prohibida con su hombre de confianza, o q

