Anthony pasó la noche en vela, sus palabras resonaban en su cabeza como un eco interminable. Había perdido el control. De nuevo. Había lastimado a Vanessa, quien no había hecho más que ser leal y entregarse por completo a la empresa, a él. La imagen de su rostro, pálido y herido, mientras él la atacaba verbalmente, no lo dejaba en paz. Se sentó en la sala de estar de su preciosa mansión, mirando sin ver los papeles esparcidos por la mesa de centro. Por más que intentara justificar su arrebato de ira, sabía que no había excusa. Elena estaba muerta, y aunque nunca podría olvidarla, eso no le daba derecho a destruir a las personas que seguían vivas, a las que lo apoyaban, como Vanessa. En un arranque de arrepentimiento, Anthony decidió hacer algo para enmendar su error. Aunque no sentía que

