Enrre. …………………………………………………………………………… —¿Vienes a burlarte de mí? —No soy ese tipo de persona, Fausto. El antes nombrado sonrió y ladeo la cabeza. —Eres tan estúpido, que hay veces he llegado a pensar que no eres mi hijo. Porque no me cabe en la cabeza cómo pude tener un hijo tan cobarde y manejable, que se deja llevar por esas dos tetas… que por cierto están muy firmes. Al escucharlo decir tales cosas sentí las venas de mi cuerpo arder, mis manos se formaron en un puño y quise estamparlo en su rostro. Soltando un grueso suspiro cerré mis ojos y al soltar mis labios repliqué —Créeme Fausto, que sería el hombre más feliz del mundo si eso resultara ser cierto. Fausto soltó una carcajada y mirándome con ojos afilados se acercó a las rejas que nos separaban. Con tanto enojo envolvi

