Caminé por las calles dejando que las lágrimas rodaran y que el viento la secara, mis pasos eran lentos y débiles, me sentía cansada y agotada, ya no tenía fuerzas para continuar, las palabras de Emilia rondaban mi cabeza y cada una de ellas lastimaban mi corazón. Mientras Enrre la consolaba decidí salir y caminar, mi presencia solo la afectaba y por eso preferí marcharme y no seguirla atormentando más. Tenía media hora caminando sin rumbo y de pronto sentí las piernas doblarse, me senté en la vereda y solté el llanto. Alcé la mirada al cielo y me perdí en los pensamientos, pensaba en ellos, en mis niños, en la falta que le hacen sus padres, ya Emircito lo dijo en la noche, ahora Emilia me lo reprochó en la cara, en sus ojos veía odio, desprecio, aunque me dolía la entendía, ella tenía

