"Ya estoy lista, jefa", dijo el chico.
"Estás muy elegante para tu primer día. ¿Qué tal si te mando a lavar los baños?", preguntó Annie, divertida.
"Sería un honor para mí. Me cambiaré", respondió alegre, y ella suspiró. Había muchas cosas que le recordaban a Leonardo y otras tantas que no.
"Bueno, vamos", dijo ella mientras se subían al auto.
Él se sentó en el asiento del acompañante, lo que crispó los nervios de Annie. No esperaba tener a un hombre a su lado. Pronto llegaron a la empresa y, al bajar, la mayoría observaba al chico con confusión, algunos con sorpresa e incluso algunos casi se desmayaron de la impresión. Annie siguió caminando como si no hubiera ninguna explicación. Incluso su secretaria, llamada Valeria, miró aquello con conmoción, sin comprender.
"Está bien, gracias por traerme tu currículum", dijo Annie.
"De nada, es un placer", murmuró él, y ella le pidió su nombre.
"Aunque te llamas Andrés."
"Sí, soy Andrés."
"Bueno, Andrés, si quieres puedes esperarme afuera.
“¿Afuera? Hay mucha gente que me mira raro."
"Sí, porque eres exactamente igual a mi difunto esposo”.
“¿Necesita que haga algo?"
"No, simplemente si quieres puedes recorrer la empresa, pero intenta no perderte."
"Bueno, señora. Con permiso", comentó y desapareció. A pesar de que él era solo dos años menor que su esposo, la había tratado de señora, y no sabía si eso debía ofenderla o agradarle por el respeto que se manejaba hacia ella.
Annie revisó el currículum del chico. Era inteligente, aunque había empezado la universidad y no lo había podido terminar. Decidió que no lo pondría en mantenimiento, no, no, no. Lo ubicaría en finanzas o algo por el estilo, pensando que sería un buen asistente del contador. Le pareció una buena idea y, sin más preámbulos, salió disparada de la oficina, sonrió y cuando quiso llamar a Andrés, ya no estaba a simple vista. Suspiró un poco enojada al no tener ni siquiera su teléfono para localizarlo.
La empresa era grande, no, grandísima, y ahora sería todo un reto encontrarlo en las instalaciones. Suspiró y le pidió a Valeria que lo ubicara, porque no estaría recorriendo toda la empresa en busca de alguien.
Valeria comenzó a llamar a los distintos departamentos para preguntar si lo habían visto, pero no tuvo éxito. Pasaron tres horas en las que Annie se concentró infaliblemente en el trabajo, revisando todos los papeles, analizando cada detalle, hasta que de pronto recordó a Andrés. Se preguntó si alguien lo había encontrado, pero parecía que no había salido de la oficina. Valeria le informó que aún no lo habían encontrado, lo que la preocupó. Se dirigió hacia el patio y comenzó a mirar en varias direcciones hasta que miró hacia arriba. Él estaba en la azotea. Puso los ojos en blanco y regresó adentro, subiendo por el ascensor.
Al ver a Andrés, Annie suspiró. "Sabes que te estuve buscando."
"No lo siento, este lugar me parece muy relajante", dijo él.
"Bueno, empiezas como ayudante de contador."
"¿Por qué ayudante de contador? No sé, limpiaría los baños."
"Porque fuiste a la universidad, ve antes de que me arrepienta. Te estuve buscando durante tres horas."
"Pasa muy rápido el tiempo", murmuró con una sonrisa. La sonrisa le recordó a Leonardo, pero decidió disimular sus sentimientos. Andrés pasó por su lado sin tocarla y subió al ascensor.
"¿No vienes?", preguntó él. Ella asintió, acercándose y suspirando. De reojo lo veía, tan parecido, tan expresivo, pero no era él.
"Este ascensor es muy bonito, ¿verdad? Mira cómo brilla", dijo Andrés. Ella, pensativa, notó que había muchos espejos para poder observar a Andrés. Y pudo ver cómo él empezó a morderse el borde de los dedos, algo que hacía Leonardo.