"¿Dónde?", preguntó él, intentando quitársela, pero solo logró desparramarla más. Annie se rió y limpió su cara con una servilleta, deteniéndose cuando su mano casi rozó su rostro.
"Gracias, señora", murmuró él.
Ella se cohibió un poco y volvió a enfocarse en su comida, dando un sorbo a su gaseosa. Después comieron en silencio, cada uno inmerso en sus pensamientos. Annieno sabía muy bien por qué se sentía tan viva desde que Andrés llegó, lo cual la asustaba. No quería aferrarse a alguien que apenas conocía, y además sabía que él estaba allí solo por un aventón.
Al terminar la hamburguesa y las papas, Andrés hizo lo mismo, iniciando una disputa por la parte que más les gustaba.
"Oye, yo la vi primero", dijo protectora, mientras Andrés sonreía y pinchaba con el tenedor, agarrando cinco papas. Annie lo miró ofendida, había ido al lugar solo por las papas. Sin embargo, no dijo nada. Continuaron con la guerra de quién agarraba más papas y finalmente se terminaron toda la porción. Ambos estaban repletos y sin querer, Annie eructó.
"Lo lamento", murmuró avergonzada. Andrés comenzó a reírse divertido.
"Perdón, no me río de tu eructo, sino de la vergüenza que estás pasando", comentó entre risas, y ella frunció el ceño y le sacó la lengua.
"Eres un idiota", dijo ofendida, poniéndose de pie y sosteniendo las bandejas para arrojar la basura.
"Fue divertido ver tu cara de pena", añadió Andrés riendo.
"No mires, por favor", dijo molesta, mientras buscaba la salida.
"¿Por qué estás justo en frente de mí?”
“Yo quiero invitarte a un helado".
"Tú dijiste que no tenías dinero", se encogió de hombros Andrés.
"Pero después me lo puedes descontar del sueldo", replicó el y Annie rodo los ojos.
"Entonces eso no sería una invitación por parte tuya", se molestó mientras ella salía estirando los brazos, disfrutando de la calidez de la noche.
Las estrellas brillaban sobre su cabeza, saludándola como si le dieran la bienvenida. A punto de subirse al vehículo, una brillante estrella fugaz pasó sobre su cabeza, haciéndola sonreír.
"Qué bonita", susurró para sí misma. Andrés contempló su belleza mientras levantaba la cabeza hacia el cielo. Se quedó encandilado, observándolas, pero pronto desvió la mirada intentando olvidar ese momento.
Al día siguiente, Annie tuvo que llevarlo a regañadientes a la oficina, ya que era su única opción de transporte y esta quedaba lejos de su casa. Al llegar, los empleados no le prestaron atención, sumado a un intenso dolor de cabeza. Pronto la puerta se abrió y Julieta se acercó. Julieta, cofundadora de la empresa junto a Annie, prefería no recibir mérito aunque fuera la vicepresidente.
"¿Por qué esa cara de muerta?", preguntó Julieta divertida, acercándose.
"Ya sabes por qué, es por el chico", respondió Annie mientras movía hojas sin ánimo.
"¿Ya sabes su nombre?", indagó.
"Sí, se llama Andrés", murmuró con desgano.
"Es mucho más atractivo que tu esposo", dijo Julieta, mirándola mal y cerrando una carpeta para revisar documentos.
"No me digas que te gusta ese chico", preguntó Julieta sorprendida.
"Claro que no, además es el hermano de mi difunto esposo", respondió Annie.
"¿Y qué tiene que ver? ¡Mira esos músculos! Si no te lo quedas tú, ¡me lo quedo yo!", bromeó Julieta mientras suspiraba.
"Como quieras", dijo Annie sin prestarle mucha atención.
"¿Me das el visto bueno?", preguntó Julieta, recibiendo un gesto de desdén de Annie.
"Vete, acuérdate de la cena en casa de mamá esta noche", dijo Annie recordándole.
"Ya sabes que ella me prefiere a mí más que a ti", bromeó y le sacó la lengua. Siempre prefería que Julieta la acompañara a la cena familiar porque las hacía más llevaderas.
Annie suspiró. No le gustaba que le preguntaran por su esposo o que hablaran de él, mucho menos responder preguntas sobre cómo estaba. Sentirse cuestionada sobre su vida amorosa era incómodo, y evitaba visitar a su madre por eso. Suspiró de nuevo. Ojalá pudiera hacer algo para retener el tiempo, para que su esposo no se hubiera marchado. Pero era tarde, con los ojos llorosos y el corazón partido, siguió adelante, anotando y silenciando lo que le dolía. Pronto, los días se volvieron más tranquilos. Hasta que aceptó que había perdido a su esposo. Pero ahora, con alguien exactamente igual, pero mucho más atractivo, se sentía culpable. Añorar las manos de su esposo y tener fantasías con Andrés le generaba culpa. Se mordió los labios y decidió que lo mejor era que Julieta no conquistara a ese chico.
"Eso es lo mejor", murmuró. Julieta notó la sonrisa divertida en su rostro, sabía que Anniesentía algo por ese chico. Quizás su parecido con su difunto esposo, o quizás su apariencia de dios griego. Julieta sabía que Leonardo siempre había sido muy delgado, apenas rozaba los 60 kilos, pero este hombre estaba muy atractivo. Se acercó al área de contabilidad, algo que frecuentaba ya que era la vice directora, y el señor Carlos la recibió con un gesto amigable.
"Mi bella Julieta, qué placer tenerte por aquí", dijo Carlos riéndose divertido.
"Gracias, señor Carlos. Solo quería curiosear para ver quién es su ayudante", susurró. Carlos la llevó al fondo, donde estaba el asistente que había sido el esposo de Annie, aunque muchos empleados lo conocían, el rumor sobre su parecido con él se había esparcido, pero algunos no le hacían caso.
Julieta caminó con una sonrisa hasta que se acercó y le tocó la espalda.
"Disculpa", comentó, y se quedó perpleja. Era verdad, de cerca era aún más parecida a Leonardo. Sin embargo, el chico tenía un aura diferente, no era igual.
"Hola, ¿te conozco?" preguntó curioso.
"Soy amiga de Annie, Julieta."
"O es un placer."
"¿Podemos salir?" preguntó directamente Julieta, era de esas mujeres que no se lo pensaban dos veces cuando le gustaba alguien.
"¿Salir?" preguntó él, perplejo por la proposición.
"Claro, tú y yo en una cita", explicó Julieta, mientras se sentaba frente a él, mostrando sus largas piernas.
"Estoy muy ocupado trabajando", respondió él.
"Pero sales a las 6 como yo", comentó Julieta divertida.
"Sí, pero iré con Annie", dijo nervioso.
"Entonces le preguntaría a Annie si te puedo llevar yo, ¿no te parece bien?"
"Me encantaría, pero señorita, yo..."
"¿Estás de novio o te gusta alguien?" indagó Julieta.