El mármol blanco del tocador brillaba bajo la luz tenue y dorada del baño del Hôtel de Crillon. El murmullo lejano de la música clásica y las copas entrechocando apenas se filtraba tras la puerta pesada, como si ese rincón fuese un refugio temporal del mundo. Ailani se inclinó frente al espejo, retocando con delicadeza el delineador n***o que enmarcaba sus ojos aún húmedos. El rubor en sus mejillas había disminuido, y sus labios rojos volvieron a cobrar vida con una pasada de su labial favorito. Pero nada de eso lograba ocultar la tormenta emocional que hervía bajo su piel. Se pasó los dedos por la línea del cabello, intentando ordenar algunos mechones rebeldes. Respiró profundo, cerró los ojos un segundo y trató de convencerse de que todo estaba bajo control. Entonces, la puerta se abri

