París brillaba con su elegancia habitual. Las luces doradas de la ciudad se reflejaban en el Sena, y el aire estaba impregnado de perfume caro, vino francés y expectativas contenidas. El majestuoso Hôtel de Crillon era el epicentro de la gala anual Élite Europa, donde se reunían empresarios, inversores y figuras influyentes del mundo financiero. Ailani llegó temprano, enfundada en un vestido azul medianoche que abrazaba sus curvas con elegancia y misterio. Su cabello recogido en un moño bajo dejaba al descubierto su cuello delicado, adornado con un colgante de zafiro que había pertenecido a su madre. Caminaba con la seguridad que solo los años y la experiencia brindan, pero por dentro, su pecho latía con esa mezcla familiar de nervios y vacío. —Esta noche no pienses en él —le susurró Car

