En casa, pintamos las paredes y comenzamos a armar las cunas con ayuda de Otis y Carlos, pusimos los accesorios y acomodamos las ropitas en los armarios, la habitación de los bebés se veía increíble como si fuera sacada de una revista de diseños interiores, ahí crecerían nuestros pequeños. Decidimos abrir una puerta que uniera la habitación de los bebés a la habitación principal y así poder estar al pendiente de ellos. Los días pasaban y Arthur nunca intentó acercarse a mí, solo iba a casa a estar un tiempo y afinar los detalles de los bebés, lo habíamos arruinado, yo le quería y estar a su lado era un poco torturante pero tampoco podía exigirle una relación, era realista y lo acepté. El día de hoy asistí a la oficina pues tendremos una reunión muy importante con los socios de Arthur, a

