Bárbara se quedó muda, mirándolo a los ojos, esos ojos que la miraron con lujuria, esa noche, la noche más ardiente de su vida, esos ojos que parecían salir de sus orbitas, con las pupilas totalmente dilatadas, por el placer que ella le proporcionaba, mientras chupaba su delicioso m*****o y que justo ahora, gustosa se bajaría a saborearlo nuevamente, si no fuera porque estaban en un restaurante, rodeados de gente. Antes de comenzar a hablar, Michael, se quedó mirándola por un momento, se veía exquisitamente sexy, con ese uniforme de falda de tubo y su blusa de seda azul, que marcaba perfectamente su silueta, dejando ver detrás de la tela, un delicado sostén de encaje, esa silueta que él había recorrido de pies a cabeza con su boca y con sus manos; y qué en este preciso momento, si no estu

