No entiendo por qué Jeremías no ha bajado a cenar, me prometió que no tardaría, dijo que solo serían unos cuantos minutos en la habitación, que solo era un pequeño percance con la ropa.
Ya debería estar aquí.
La verdad, me estoy impacientando mucho. Ese hombre, no es el mismo que abandoné hace tanto tiempo atrás, tiene el mismo rostro tierno y seductor, las mismas manos firmes, sus ojos son tan azules como aquella vez. Es tan bello como cuando tenía 17, o aún mejor.
Pero ya no es mío. Su cuerpo le pertenece a otra, a esa tal… no sé cómo se llama, ni me importa. Pero su alma al menos sigue siendo mía, yo fui su primera vez y eso no lo cambia nadie. Es mío y he venido a reclamarlo.
Él es de mi propiedad, nadie podrá arrancarlo de mi lado.
Traté de olvidarlo, traté con todas las fuerzas locas de mi alma de sepultarlo en la fosa más profunda del olvido. Pero su recuerdo aparecía como una nebulosa, flotando como un fantasma en mi memoria cada noche de soledad. Y ahora que lo he vuelto a ver, esos ojos de fuego, un fuego azul que consume mi alma, traspasan mi ser por completo. Sé que debo alejarme pues es un hombre casado, rehízo su vida y me olvidó.
Pero no es así, aun me recuerda. Aún recuerda aquella vez que fui suya, me le metí en el alma y nunca salí de su memoria.
Cómo alejarme de él, si sus ojos me acercan a su alma, cómo alejarme de su vida, si él es parte de la mía, cómo huir si vuelvo otra vez a sus brazos, me fui lejos, a España, el tiempo nos separó, pero no logro sacarlo de mi mente, fui de otros, pero solo mi cuerpo, pues siempre mi alma fue suya.
Quisiera dejarlo libre, y que sea feliz junto a otra. Pero este amor, este loco amor de adolescente, es egoísta, es posesivo.
Es un amor mezquino.
Sé que fue de otras, y cada noche duerme en una cama que no es la mía, hoy su cuerpo, su tiempo ya no son míos ni están a mi merced, pero aun puedo tenerlo esta noche, solo una vez más.
No importa lo que ocurra mañana, pero hoy pasará lo que yo deseo.
Y Jaime…
¿Qué pasará con él?, me siento culpable por traicionarlo, por defraudar su confianza y menospreciar su ternura y comprensión, su tiempo, su compañía, toda esa dulzura y amor que me regala, pero la verdad, la dolorosa y cruda verdad, es que nada de eso: ni su amor, ni su tiempo, ni su cuerpo, ni nada que él pueda darme me complacen, nada de él me sacia.
Estoy loca, esa es la realidad.
Vivo obsesionada, en España guardé siempre las apariencias y viví como otros querían que yo viviera, una vida ficticia por amor al dinero, atada a un compromiso legal a un simple papel, me dejé llevar por lo que otros esperaban de mí, tanto que dejé de ser Eleiza, para ser “la viuda de Hopkins”, y después… después que por fin logré salir de esa jaula de oro donde me encerraron por varios años, o donde yo misma me encerré, caí en la jaula del engaño y el falso amor.
Pero ya no, hoy voy a ser libre, voy a ser yo.
Eleiza Guiraldes.
No seré la niña tonta que creía que un hombre era la solución, que el sucio dinero y la apariencia te hacían indestructible, la verdad es que esas cosas son superficiales y al final te vuelven vulnerables, víctimas de ti misma, de tus demonios propios, de tus desenfrenados deseos, pero la cuestión es…
¿Cómo paro todo esto?
Estoy angustiada, tengo un pálpito extraño, una… corazonada que llaman, es como un estremecimiento en el alma que no puedo evitar, trato de distraerme, pero es que no puedo…
En medio de cualquier quehacer o la más tonta tarea, tengo que dejarlo todo, me asalta repentinamente el llanto y no paro de sollozar, me siento casi ahogada por el miedo, pero no tengo por qué tener miedo, todos estamos bien…
Jeremías acaba de telefonearme y lo note tranquilo, todo va bien en su consultorio aunque tiene muchas consultas y hoy saldrá un poco tarde, ese no es motivo para preocuparse; nuestro pequeño Elías, es un bebe sano y fuerte, se ríe, juega y vive la vida sin preocupaciones, sin fijarse en los problemas que agobian a los adultos, hemos tratado de darle siempre lo mejor, amor, protección, comprensión y todo porque le amamos.
Siempre que Jeremías y yo hablamos sobre el futuro, me lleno de esperanza, él suele decir:
–Gabriela, Gabi, ey te amo oíste.
–Yo también te amo mi Jere.
–Gabi princesa quiero que Elías sea, no sé… mmm, escritor, o doctor, doctor mejor para que estemos toda la familia en la misma onda.
–Pero yo no quiero que él sea psicólogo como nosotros Jeremías.
–No estoy diciendo eso Gabriela Josefina, ¡Buf! Lo que digo es que pude ser pediatra, ginecólogo, cardiólogo que se yo, pero un médico, entiendes.
–No me digas Josefina, sabes que no me gusta –Dije jugando como una tonta con su cabello. No me gusta, ¡¡ tonto!!.
–Amor, por amor al Rey, entiéndeme, te amo, yo lo que quiero es lo mejor para todos y en especial para nuestro bebé.
Jeremías siempre logra calmarme, aunque esté echa una fiera, el sabe cómo controlarme y me deja indefensa ante su amor.
Sin embargo, aunque estoy sana, no siento nada extraño en el cuerpo o en el alma, a decir verdad, me siento un poco sola, esta casa es muy grande para mí, quiero que mi esposo esté aquí conmigo, esté aquí abrazándome, besándome, hablándome, escuchándome… que esté aquí.
“JEREMÍAS VEN YA, POR FAVOR”
Susurro al viento.
A veces no expreso de modo correcto lo que siento, hago un laberinto para algo que es tan simple, pero mi amado siempre sabe cómo encontrarme y guiarme en medio de la confusión que tengo, lo amo con locura, no lo demuestro a nadie, ni siquiera a mí misma pero lo amooooo, no puedo evitarlo, mi alma quedó ligada a la de él y nada ni nadie nos separará, soy suya y él es mío.
Mío solamente.
Casi siempre vivo llena de temores y me arropa la angustia, Jeremías me lo dice hasta el cansancio , pero no sé, no me entiendo ni a mí misma, a veces creo, casi siempre dudo, de él, de mí.
Más de mí que de él.
Tengo miedo a que me deje, pero lo amo. Él lo sabe, sabe bien que lo amo, confía en mí, pero soy yo… mis estúpidas dudas, mis complejos de inferioridad que me hacen sentir menos e insuficiente.
Hoy amanecí más loca que de costumbre, pero no sé si es locura o cordura, pero tengo miedo a que pase algo, y nos destruyamos uno al otro, miedo a que esta familia se venga abajo y todo llegue a su fin en algún momento.
Casi siempre, cada vez que tengo un presentimiento se cumple, no del todo, pero si pasa algo que me asusta y mi enoja a la vez, aunque es más fuerte el miedo que el enojo.
El reloj parece moverse más lento, no puedo concentrar la vista en los libros que estoy ojeando, por poco me corto un dedo con la vajilla de porcelana que estaba lavando en el fregadero, estoy hecha un manojo de nervios.
Intento orar, rezar, clamar a Dios, muy poco lo hago, pero hoy estoy ante el precipicio de la duda y en un ataque constante de melancolía y de vulnerabilidad, nadie más puede ayudarme, cada vez que doblo las rodillas o me tiro sobre la cama, me asalta una inquietud, no me puedo concentrar y no articúlo ni media frase, solo puedo llorar, recordar… pensar en Jeremías, en mi hijo, en nuestra casa.
Me levanto, camino un rato, enciendo la tv, me trago medio pote de helado, preparo un poco de pasta y como, como, cual ansiosa compulsiva, siempre le he dicho a mis pacientes que no se dejen llevar por la ansiedad y el estrés, pero a mí no me sirven esos consejos porque lo sé, y cuando sabes algo se te hace difícil aplicarlo, pero lo intento otra vez.
Me tranquilizo, respiro profundamente, arreglo mi cabello desgreñado y vuelvo al suelo, esta vez decidida a hablar con mi Padre, con el Creador.
Comienzo tan solo susurrando pues mis fuerzas son pocas:
Papá, hoy puedo llamarte de ese modo, nunca me sentí tan cerca de ti, estoy sola, sin mi esposo Jeremías, sin la compañía de mis padres, sin la risa tierna de mi hermano menor, sin la mano suave de mi pequeño Elías… estoy sola, pero estoy contigo, mejor dicho Tú estás conmigo. Ahora sé que no me dejarás, hoy soy tal cual soy, soy yo misma.
Soy Gaby, papá acá estoy, llena de miedos, llego temblando por el temor a lo que ocurrirá en mí, en nosotros, tú sabes que me siento invadida por las dudas, soy cual ola en medio del mar, voy de la risa al llanto, movida por los avatares de la vida, pero sabes qué Mi Señor, necesito que me mires, tal cual soy, rota y vacía; rota por la vida y vacía porque nada en mí puede llenar el hueco de mi alma, pero Tú papá, Tú lo llenas todo, llenas mi alma vacía y reconstruyes mi alma hecha añicos.
Necesito que me ayudes, que extiendas tú mano, que me saques del pozo de la desesperación y del lodo cenagoso, un poso donde caí por imbécil, por débil, por hipócrita, por creer que era fuerte y dejé de cuidarme, dejé de acercarme a ti porque pensé que ya estaba a tu lado, ahora veo y entiendo que no puedo dejarte ni un minuto, ni un segundo que te necesito para vivir, que eres el oxígeno de mi alma, que si Tú no soplas soy solo un trozo de arcilla hueca y sin vida, pero hoy quiero pedirte que soples sobre mí e infundas aliento de vida sobre mí. Levántame, levántame papá, el mundo me acusa, mi esposo, mis amigos, el mundo me acusan pero Tú me salvas, tú me ayudas, tú me levantas, abrázame con tus túnicas.
Envía tus cuerdas de amor sobre mí y condúceme, hoy corro a tus brazos papá, porque fuera de ti no hay nada.
No hay mejor lugar que tu Presencia.
Me levanto y siento el alma más tranquila.
Espero que todo se resuelva con bien. Dejaré todo en manos de la vida.