Luz de estrella azabache

2273 Words
Chariose contempló con expectación la llegada de las nuevas tropas, tal parecía que su concejal había acertado, las demás naciones habían respondido casi de inmediato al ver a un Radu preparado, a una nación lista para la guerra, además, Chariose no dudaría que no acudieran, esta nueva amenaza concernía a todos, por lo que, a la cabeza de la armada, miró como hordas de soldados le presentaban respeto y obediencia, llenándolo más de hambre de batalla, ansiaba tomar sus armas e ir en búsqueda de su enemigo, como un cazador tras su presa, pero, sabía debía ser prudente, aún tenía que mantener un protocolo, por lo que, luego del desfile de poder, todos sus súbditos se sintieron esperanzados, un rayo de esperanza cruzaba las miradas de quienes lo habían perdido todo, su soberano estaba sacando soldados para ayudar Radu, demostrando una vez más que el reino era sólido, que Chariose era digno merecedor de la corona, pesé a los constantes “rumores” sobre el amorío con el monstruo de pelo de fuego que había venido a azotar con yugo al reino. Cuando finalizó la faramalla necesaria para calmar los ánimos heridos del pueblo, fue cuando el rey sol se puso en marcha, regresando con toda su comitiva reunió a todo su concejo, el que de inmediato acudió al llamado, reuniéndose en las seguridad que los muros del palacio daban; habían pasado tres días y parecía que el hervidero de heridos estaba menguando, ahora, solo lo que podía respirarse, era la desolación que traía la guerra, una guerra que apenas estaba empezando y que, ya habían consumido más de lo que se esperaba. Chariose, hizo acto de presencia en uno de los salones más pequeños del castillo, pues, el más grande ahora estaba acomodado como un improvisado hospital que atendía a quienes agonizaban, pero esto no detuvo que el pequeño salón no estuviera acorde a recibir al soberano, allí, en medio habían dispuesto una larga mesa en la que se proyectaba claramente la imagen de todo Radu, el concejo se puso de pie, un total de 10 hombres y mujeres se pusieron de pie impacientes por ya dar inicio. Jano hizo una exagerada reverencia mientras, Bowie el general de los soldados del sol, se aclaró la garganta mientras miraba a una Nélida que parecía solemne y astuta ponerse de pie con gracia. Un guardia, movió la silla principal, para que el rey encabezara la mesa. Chariose tomó asiento apoyando los codos sobre la mesa con aires de impaciencia, el resto de su concejo tomaron asiento después de él, luego dio inicio, sin antes Chariose diera la orden de que comenzara, él tuvo que contener las ganas inmensas de sacarse la pesada corona de obsidiana de la cabeza, la había tenido que estar llevando todo el tiempo, como un recordatorio constante para quien lo viera, que él tenía el poder absoluto, sin embargo, en la cabeza de Chariose le pesaba, como una carga que estaba obligado a lidiar quisiera o no, sin embargo fingió que la piedra sobre su cabeza blanca como la nieve no le molestaba, en cambio, siempre parecía que la cargaba con solemnidad, la debilidad no era parte de su vocabulario. -Quiero que pongan a los soldados de arena en las fronteras, refuercen las salidas-, Chariose hizo una mueca de asco -no quiero que nadie entre o salga de Radu sin que yo me entere-. Sentenció el rey apuntando con un largo dedo anillado los puntos de entradas a la ciudad. -Alteza-, lo interrumpió Bowie -perdone, pero, debemos ser prudentes, los enemigos son astutos, no podemos arriesgar a los soldados de Yulum-, Chariose entrecerró los ojos mirando a su principal general mientras metía las manos en el holograma de Radu, para señalar puntos estratégicos en el mapa – quizás sea mejor apostar algunos cuantos en estos puntos débiles…- -Perdone general…- interrumpió Jano, la atención se estacionó en su larga barba blanca y en su mirada arrugada - pero, ¿esta insinuando que los soldados del sol no son lo suficientemente importantes? -Dijo con sarna, Bowie frunció los labios mientras Nélida, intervenía con voz ponzoñosamente tranquila. - ¿Qué está insinuando concejal Jano? ¿A caso hay algún problema con mis soldados? -Dijo, Chariose soltó aire poniendo los ojos en blanco, fue cuando de inmediato se desató una lluvia de perjurios y habladurías entre todos los presentes que hicieron eco en el pequeño salón. La paciencia del rey se vio mermada por las voces de todos peleando estupideces entre ellos, Chariose se puso de pie de un brinco, arrastrando su silla de rey, todos lo miraron con los ojos tan grandes como su cara. - ¡Suficiente! -Aulló el rey sol mientras el silencio reinaba en el salón, los ojos dorados recorrieron los rostros silenciosos de sus súbditos -Griffin esta por atacar, puedo sentirlo-, Chariose apretó las manos sobre la mesa -debemos estar preparados, ese monstruo espera más de sus criaturas, no puedo permitir que entren más, debemos pelear con las que ya están aquí, matarlas a todas-. Masculló el rey con sus concejales asintiendo con la cabeza. -Haremos lo que ordene alteza-. Ronroneo Jano. -Quiero seguridad, se harán barricadas y patrullajes, quiero a mis soldados del sol dentro de la ciudad, los de arena ayudaran a bloquear, debemos estar preparados para el próximo ataque, por lo que…- Chariose miró a Sócrates, quien parecía otro, en su rostro la sed de venganza le desfiguraba la expresión – quiero refugios para mis ciudadanos-. Le dijo directamente al capitán, y esté asintió con la cabeza. -Y yo me encargaré de lo demás-. Bowie intervino cruzándose los brazos sobre el pecho, pero Chariose entrecerró los ojos mirándolo con intensidad, luego habló; -Tú no Bowie-. Salió de los labios del rey, Bowie entrecerró los ojos mientras los demás lo miraban con expectación. - ¿A qué se refiere alteza? – Preguntó sintiendo como los nervios se apoderaban de él. -Hablé con mi concejo esta mañana, y les avisé sobre los cambios que estoy haciendo…- - ¿Cambios? ¿Qué cambios? – Chariose se irguió cuan alto era, su expresión era imponente, reveladora. -General Bowie Calamante-, dijo -lo relevo de todos sus cargos y títulos por el poder y titulo que me es encomendado…- - ¡Que! -El pánico en el rostro de Bowie era palpable, miró a su alrededor mirando los rostros de indiferencia de su alrededor - ¿Por qué? – -Como legitimo soberano y gobernante de Radu, estas relevado a partir de ahora, por favor, deja tu insignia y arma sobre la mesa-. Chariose lo miró con intensidad, Bowie le regresó la mirada con aires de súplica ¿Chariose no podía estar haciéndole eso? Eran amigos de infancia, había estado para él cumpliendo con todos sus mandatos sin rechistar ¿Por qué? -Alteza… yo…- -A partir de ahora, Sócrates cumplirá con tus obligaciones-. Finalizó el rey en medio del incómodo silencio, Bowie tuvo que soportar las lágrimas inundando sus ojos, había luchado tanto por ese puesto, había peleado a su lado en las conquistas y ahora lo estaba desechando como si nada, Bowie apretó la quijada levantando la mirada con resentimiento, sin embargo, al contemplar los ojos desechos del rey, entendió así de pronto, por qué Chariose lo estaba degradando, recordó su vulnerabilidad, su mano temblando al estar apuntándole a Joanna, a su titubeo en batalla y sobre todo, en sus pocos días sobrio… Bowie se mordió la cara interna de las mejillas, avergonzado, ahora se sentía impotente, había decepcionado a su rey… a su amigo… eso era, Joanna estaba sobreponiéndose sobre él, ella lo había hecho incapaz de dirigir una guerra, el cariño que sentía por ella le habían ganado, se sintió débil ante la fuerza que estaba teniendo Chariose, pues, él más que nadie sabía, que Chariose se quemaba por ella y, aun así, estaba liderando una guerra. Bowie le hizo una reverencia que pareció durar más de lo necesario, para después quitarse del uniforme el brillante pin dorado en forma de sol del pecho, y, sin decir nada más, puso su arma y la insignia sobre la mesa. - ¿Puedo retirarme ahora su majestad? - Preguntó vencido, Chariose tomó aire por la nariz mientras Sócrates tomaba las cosas del antiguo general para vestirlas con orgullo ardiente. -Todos-, masculló el rey -váyanse ahora, esta reunión a terminado-. Sentenció, y de inmediato la sala quedó vacía, nadie se atrevió a decir algo antes de salir, solo se limitaron a abandonar el salón en silencio. Chariose se desplomó sobre su asiento y esperó unos cortos minutos más, para después ver como su general de fuerzas especiales, Zigor, entraba con un muy sonriente August, el médico con cara de ratón que había experimentado con Joanna hasta el cansancio. Este último hizo una reverencia acercándose al rey, quien levantó la cabeza con seriedad, mirando como el doctor ponía sobre la mesa, frente al rey un pequeño maletín oscuro, Chariose alargó una mano para abrirlo y revelar su contenido frente a sus ojos. - ¿Está listo? -Le preguntó Chariose al hombre que estiró más su sonrisa perversa. -No puedo asegurarle alteza que en verdad lo esté…- Dijo y Chariose levantó sus dorados ojos hacia su médico, haciendo que este tuviera un estremecimiento -pero puedo decirle que está en fase beta-. El hombre le extendió un pedazo de vidrio a modo de Tablet que el rey tomó con impaciencia. Chariose mientras, se distrajo tomando una jeringa que guardaba un líquido n***o en su interior para contemplarla con curiosidad. - ¿Y porque son tres? -Preguntó el rey sin despegar los ojos sobre el cilindro de cristal para después mirar como unas imágenes aparecían en la pantalla que le había extendido el médico, en la que se revelaban prisioneros retorciéndose en medio de un aberrante dolor en el suelo, Chariose miró sus cuerpos torcidos y sus ojos desorbitados con desconcierto. -Porque la dosis completa lo mataría alteza-. Exclamó el médico mientras el hombre de la pantalla echaba espuma por la boca y moría en medio de violentas convulsiones biliosas. Se hizo el silencio, Zigor tragó saliva con dificultad, sin embargo, no pudo no ser imprudente. - ¿Está seguro de esto su majestad? – Chariose miró a su general con semblante aburrido. -No te atrevas a cuestionar mis decisiones Zigor-. Sentenció tajante Chariose, silenciando a su general. -Tuve que mediar la dosis para hacerlo apropiado para el huésped-, August se relamió los labios con un gesto de frustración -puede que quizás, si solo me hubiera dado más tiempo con el espécimen, podría haberle finalizado su experimento satisfactoriamente, si solo…- Chariose lo silenció levantando su mano con autoridad. -Joanna no era tuya August, ella es mía y no podía dejarla tanto tiempo en tu poder para que jugaras con ella de la forma en que lo hacías…- -Pero su alteza, si solo hubiera podido abrirla e inspeccionarla como se lo propuse, quizás hubiera tenido mejor tejido para…- Chariose solo lo fulminó con la mirada, haciendo que el ímpetu del hombre menguara. -Dijiste que solo con algo de piel y sangre eran suficientes… -Chariose cerró la tapa del pequeño maletín con fuerza – y lo fueron-, paseo los dedos por la piel del maletín -estos prototipos son suficientes, no hay ya tiempo, tomaré las responsabilidades de esto-. Dijo y tanto como Zigor y August el rostro se les puso pálido -Ahora, si no tienes más que decir, vete-. Chariose le hizo un gesto con la mano, echándolo de su presencia, pero el médico se relamió los labios. - Le tengo una advertencia solamente su alteza-, dijo y Chariose casi parte el aire por la ira ante la intromisión, pero aguardó a escucharlo -los prototipos están hechos solo para su código de ADN, pero, me temo que esto no exenta que tengan efectos secundarios, debo prevenirle, los síntomas pueden ser mucho incluso para un cuerpo como el suyo, tome las dosis con cuidado, y espere a que su cuerpo lo deseche para volver a administrase la siguiente alteza, sea cuidadoso, puede morir-. Finalizó sin levantar la mirada del suelo. Hubo un nuevo silencio mientras August salía del salón en silencio. Zigor se acercó luego de un rato en el que Chariose miraba el maletín fijamente. -Majestad, si ya no necesita mis servicios, me retiro-. Pero Chariose lo detuvo llamándolo por su nombre, el general de inmediato lo reverenció. - ¿Si alteza? – -Saca a tus hombres de las calles-, dijo haciendo que Zigor frunciera el ceño – voy a encomendarles un nuevo trabajo a mis fuerzas especiales-. -Mis hombres y yo, estamos a sus órdenes-. Los ojos de Chariose brillaron como dos luceros dorados. -A partir de hoy, se encargarán de buscar y traerme a Joanna-. Dijo y Zigor parpadeo con sorpresa -No quiero que se sepa, ustedes actuaran en secreto, la captura de Joanna es solo para mí, si alguno de tus hombres o tú-, la voz de Chariose resultó amenazadora -dice alguna palabra, los mataré ¿quedó entendido? – Zigor exageró aún más su reverencia. -Puede confiarme esta misión su alteza, no lo decepcionaré-. Respondió. -La quiero viva Zigor-. Finalizó Chariose aplastándose más en su asiento, Zigor asintió. -De inmediato me pongo en marcha-. El general saludó y se marchó en camino a lo encomendado. No decepcionaría a su rey, Zigor era más que diciplinado, además, había dado su palabra de caballero de obedecer, en su mente no quedaba razón para negarse, haría lo que debía hacer, por lo que, llegando a la guarida de las fuerzas especiales, puso a sus hombres en marcha, le traería a Joanna, aunque fuera lo último que hiciera en su vida.
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