A pesar del baño de sangre de apenas unos días, todavía había mucho que hacer, sobre todo, había que celebrar un compromiso, uno que estaba tocando la puerta y que, daba esperanza a los golpeados ciudadanos de Radu, un compromiso que se podía celebrar con gozo ante lo que fue para los súbditos, una victoria aplastante tras la batalla de la avenida, como ya le estaban nombrando, la que sí, había dejado también muchas muertes, pero que, según la mayoría, habían valido la pena, ya que el rey se las había ingeniado para hacer que los enemigos del reino, huyeran como ratas de regreso a los hoyos que tenían de guaridas, sin embargo, para Chariose, esto no era más que una nueva derrota, Griffin había osado en atacar una zona importante para la economía de Radu, gracias a la destreza de sus hombres y la de él, estas pérdidas hubieran resultado catastróficas de no ser por la resistencia de las tropas.
A pesar de que para el pueblo esto fue lo suficientemente probatorio para creer que estaban ganando, Chariose se lamentaba por permitir que su ciudad fuera un campo de batalla, debía ahora más que nunca impedir que algo así pudiera volver a pasar, a Griffin parecían gustarle las sorpresas, ya se daba cuenta de eso, por lo que una presión se sumaba a su ya cúmulo de deberes, suspiró con desaliento mientras miraba la jeringa con el líquido oscuro en su interior, se daba cuenta que no podría reservar la sustancia como último recurso, aun las vísceras le dolían y su cuerpo más que mallugado le protestaba, esa no era un guerra como las que había librado, esos no eran hombres, no golpeaban como si fueran unos, en verdad no se esforzaban por hacer daño, bastaba un simple puñetazo para dejar fuera a su más fuerte soldado, por lo que, se daba cuenta que era imposible no usar aquel recurso tan peligroso que tenía entre los dedos, Chariose apretó los labios mientras uno de sus sastres le tomaba las medidas de la cintura, él regresó la mirada frente a su espejo suspirando, odiaba hacer todo eso, odiaba tener que estar de pie sobre una plataforma mientras las personas a su alrededor fingían que no estaban en guerra, pero era un rey, lo habían educado desde muy joven a seguir protocolos, a pensar en que era lo mejor para un reino, es solo que se preguntaba que para que tenía que atravesar tanta faramalla, la que además era costosa, pues, no solo tenía que costear una guerra, sino también una boda de la que sí, no quería ser parte.
-Alteza-, le interrumpió sus pensamientos su sastre personal, un viejo hombre de calva y rostro arrugado, quien le había confeccionado todos sus uniformes y trajes desde que era apenas un bebé, Chariose se obligó a mirarlo con seriedad -podría sugerir para su capa un forro dorado-. Le sugirió mostrándole un rollo de tela dorada tan hermosa que destellaba con los rayos del sol que se colaba por su habitación.
Chariose frunció los labios.
-Como a usted le resulte conveniente, está bien-. Le contestó el rey metiendo la jeringa de regreso a su bolsillo del pantalón, su sastre le hizo una reverencia volviendo a dar indicaciones a sus ayudantes, quienes se afanaron en regresar las telas a sus maletines.
Sintió el peso del vidrio en su pierna, un cosquilleo le subió por las palmas, mientras miraba más allá de su balcón, la ciudad la regresaba la mirada, tan enorme y hermosa como pocas, estaba consciente que más allá de los muros de su castillo, Joanna se estaba escondiendo, se había logrado escapar de sus soldados a tiempo de que la capturaran, según los informes de Sócrates, se había arrojado al canal, antes de que la paralizaran con las varas eléctricas, y desde ese día una opresión en el pecho lo acosaba día y noche, habían pasado cuatro días y no podía deshacerse de esa sensación, entorno los ojos, como si pudiera colarse entre los edificios para mirar las calles que seguían en su día a día a pesar de todo, para ver si así, pudiera encontrarla, descubrirla y traerla de nuevo a sus dominios, apretó las manos, los patriarcas de su corte, los señores de cada casa importante de Radu le hablaban, ataviados en sedas y joyas, como si no les importara que apenas hacia cuatro días se había vuelto a regar la sangre de inocentes, se llevó una mano a la frente, sobándose las sienes ante la inminente migraña que lo estaba por acosar.
-Basta todos-. Interrumpió en voz atronadora, los señores y los trabajadores a su alrededor se silenciaron mirándolo con sorpresa - ¡Lárguense de mi vista! -La voz de Chariose los hizo dejar lo que estaban haciendo para despedirse del rey y huir de su cólera, una ira que no dejaba de crecer en su pecho, con pesar se bajó de la plataforma, sintió los ojos escocerle y la cabeza martillarle mientras caminaba a su amplio balcón, el que estaba bien arreglado y dispuesto como una elegante mesa de té, una mesa que ya mucho tiempo atrás había servido para sentar a un rey inundado de amor, y a la mujer con quien quería envejecer.
Parecía que aquello había pasado hacia milenios atrás, sintió como si hubiera envejecido 40 años, sentía como cada parte de su cuerpo le protestaba, como su corazón le sangraba, se apoyó sobre la piedra del balcón, miró el vacío, recordó la habitación bajo la suya, y se imaginó que aparecerían desde debajo los ojos hermosos de Joanna, se remolinó apartándose la ocurrencia, todo en ella había sido un engaño, era un animal, una cosa blasfema, hambrienta… le había constado comprobarlo muchas veces, esa ya no era la ingenua muchachita que apareció enfundada en un inmaculado vestido blanco, la que lo había mirado con ojos ilusionados…
Hizo una mueca de odio, un sentimiento que ya lo gobernaba, pues, ese era el sentimiento que se sobreponía ante los demás, incluso ante la tristeza, odio y solo odio, un veneno que estaba tomando posesión de su cuerpo, un odio retorcido que solo era casi igualado por su lujuria, un rara combinación de emociones que se apoderaban de su mente día y noche, se quemaba por volver a sentirla sobre él, envolviéndolo y gimiendo en su rostro, pero también, lo volvía loco de resentimiento, lo sentía retorcerle las tripas cada que la tenía cerca.
Se restregó los sesos, pero, pesé a sus emociones cada una contradictoria de la otra.
No estaba dispuesto a ceder ante sus responsabilidades.
…
Bowie desde la batalla de la avenida, no se había quedado conformé, y aunque peleo por ir a la zona de guerra esa noche, no había podido siquiera acercarse, algunos soldados de arena y del sol habían acordonado la zona a 2 kilómetros de distancia de la pelea, para impedir que algún ciudadano se colara o que más enemigos acudieran, más tarde, por los chismorreos se había enterado que Griffin había amenazado a Chariose que atacaría la zona comercial de Radu, obligándolo a accionar, sabía también que le habían estado pisando los talones hasta desembocar en la calle del comercio, donde más tarde se había hecho la pelea, en la que, presumían habían ganado.
Pero Bowie sabía que solo eran chismorreos, no estaba seguro que en verdad todo hubiera pasado como se decía por las calles, sin embargo, lo que, si podía creer, era que Joanna también había estado allí, la recordó aquella vez bajo el puente, no parecía alguien apto para estar en una pelea, lucía debilitada como para poder defenderse, pero, no podía dejar de preguntarse ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Qué había hecho para poder escapar? ¿Qué había hecho Chariose?
Los ojos hundidos de la Gul le regresaron la mirada desde el interior de su memoria, en verdad Joanna lucía mal, su rostro era una mata de miseria, parecía estar sufriendo genuinamente, se preguntaba si ella sería capaz siquiera de sentir tristeza, Bowie se mordió los labios mientras entraba a su bar de preferencia, un bullicioso tugurio mucho mejor que el último en el que había estado, pero que, no solo visitaba porque le gustaban más allí los tarros de cerveza, sino porque era frecuentado en ocasiones por los rangos altos de la guardia del sol, sabía, él también lo visitaba con frecuencia cuando era general, así que, además de buscar un trago de cerveza fría, buscaba información de utilidad para quitarse sus dudas, y no era fácil, solo era cuestión de emborrachar al hombre indicado para que aflojara la lengua.
Debía ser paciente, y la ventaja era que él ahora sí, tenía todo el tiempo del mundo para lograr su cometido.
Por lo que entrando, miró con recelo el interior animoso del establecimiento, buscando un objetivo apropiado, de inmediato las miradas se arrojaron sobre él, algunas fueron indiferentes, mientras que otras más si lo contemplaron con interés, Bowie fingió no darse cuenta que los ojos de algunos soldados lo escrutaban con detalle, sin perder tiempo se acomodó frente a la barra del bar, pidiendo un tarro de cerveza, el barman lo miró con los ojos entrecerrados por un corto momento, pero se pudo en marcha, Bowie se remolinó mirando a su alrededor, las luces rosadas le daban una visión difícil a la hora de intentar identificar rostros, sin embargo, no impidieron que no reconociera a algunos colegas que reían en medio de mujeres y alcohol, unos pocos no se habían dado cuenta de su llegada, las distracciones estaban a la orden del día, por lo que, cuando el tarro espumoso le llegó hasta sus manos no dudo en salir de la barra para dirigirse a quien conocía como Orló Ventuche, teniente de los escuadrones del sol, quien estaba acompañado por dos soldados más, quienes no paraban de reírse estridentemente del chiste verde del teniente.
-Veo que te estás divirtiendo Orló-, apareció la voz de Bowie haciendo que la atención de los hombres se concentrara en el ex general, Bowie esperó alguna reacción negativa, en cambio, se sorprendió al recibir sonrisas y movimientos de manos para indicarle que se sentara con ellos, Bowie miró con un nudo en la garganta como la prostituta junto a Orló se movía sobre el teniente para cambiarse de lugar, los ojos del ex general de las fuerzas del sol escrutaron la reveladora lencería de la chica, pero concentrándose se sentó en el lugar de la muchacha -te diviertes aunque estemos en guerra-. Finalizó Bowie bebiendo de su tarro, los tres hombres tronaron en carcajadas.
-Bueno, nosotros no somos los únicos que se divierten-. Soltó Orló dándole un beso a la prostituta que tenía sentada en las piernas.
-Eso es verdad-, intervino uno de los soldados, el que Bowie podía recordar tenía de nombre, Cole -el rey parece que no termina de llenar coños-. Todos rieron mientras Bowie apretaba los labios.
-El rey apenas se sirvió de la psicópata loca de pelo rojo y ya está calentándole la v****a a la princesa de Yulum-. Soltó el tercero, el que era un poco más mayor que los otros dos, Izan, Bowie se aclaró la garganta con enfado, sin embargo, sostuvo su ánimo fingido, no había elegido a ese grupo al azar, los conocía, al menos conocía su fama de libertinos y borrachos, sabía que, además, ebrios eran propensos a hablar de más.
-Pero es un rumor, no está confirmado que su majestad se enredara con…- tuvo que darle un trago a su cerveza, aun le costaba trabajo nombrarla en voz alta -ese monstruo-. Bowie quiso parecer desconocido para poder encaminar la plática a lo que él quería que le dijeran, una nueva ola de risotadas se oyó por sobre la música, mientras se apartaba con amabilidad la mano intrusa de una de las tres prostitutas que los acompañaban.
- ¡Patrañas! -Rugió Orló agarrándose la barriga para contener su risa.
Bowie lo miró con recelo.
-Veo que estás muy seguro de eso, ¿Acaso lo has visto? -, Bowie lo escruto con detalle, el rostro del teniente a pesar de estar rojo por la risa y el alcohol podía revelar las heridas de la batalla, una muy reciente a juzgar por lo frescas que lucían.
Los ojos del teniente brillaron ansiosos mientras miraba al general relevado, estiró sus labios en una sonrisa acercándose a Bowie con rostro evidentemente ebrio.
-Por supuesto que si-, dijo en aires ofendidos - ¡Yo estuve en la batalla de la Avenida! – se llevó una mano al pecho con orgullo, Bowie quiso esbozar una sonrisa.
-Me hubiera gustado estar allí-. Dijo Bowie sin mentir.
Los soldados lo miraron con aires superiores, se suponía que de ser el flamante comandante de toda la armada de Radu, ahora era un don nadie.
-Fue sangrienta esa batalla-, Orló abrazó a la chica sobre sus piernas, ella chilló entre risas mientras el teniente seguir hablando -y allí estaba ese monstruo sexy-, dijo, confirmando las sospechas de Bowie -y puedo confirmar que el rey y esa, se traían algo entre sábanas-. Rio dándole un manotazo a Bowie en el hombro haciendo que la cerveza en las manos de él se sacudiera, tirando sobre su pantalón gruesas gotas heladas.
Bowie apretó los labios, irritado.
- ¿Y ella peleo? – Preguntó interesado, el teniente lo miró con el ceño fruncido, recordando.
-No recuerdo haberla visto que lo hiciera-, dijo y Bowie tuvo un respingo en el pecho – en realidad la perra no hizo nada…-
- ¡No por un rato teniente! -Izan lo interrumpió -se por qué lo vi, ella se arrojó sobre su aliado, lo mordió como un pastel de calabaza-. El soldado le dio una nalgada a una de las prostitutas quien respingo entre risillas, Bowie en cambio tuvo una sacudida en su corazón.
- ¿Cómo? -Dijo con asombro.
- Si, fue extraño en realidad, pero parece que pocos nos dimos cuenta que la bestia se enfrentó contra los suyos-. Continuo Izan.
- ¿Y qué pasó después? -Bowie sonaba como un niño curioso, Izan siguió feliz de tener la atención de Bowie, quien hace poco era casi intocable.
-No sé exactamente qué fue lo que pasó después, estábamos en mitad de una pelea difícil, pero, Griffin huyó junto con sus monstruos, parecía apurado por salir del fuego, pude ver por el rabillo del ojo su mirada fija en la monstruo roja, pocos minutos después, nos dieron la orden de seguirla porque había escapado, solo no creo que hubiera ido tras la bestia esa de ojos de colores, no parecían querer estar cerca del uno del otro-. Finalizó recargándose en el respaldo del amplio sillón rojo, Bowie tuvo más preguntas que respuestas, parecía que sus dudas solo habían abierto más, ¿Por qué Joanna se había vuelto contra Griffin? ¿A dónde habían huido? ¿Regresaría Joanna al final con Griffin? ¿Qué estaría pensando Chariose? Su cabeza punzó dolorosamente y de pronto la cerveza le supo mal, había averiguando la suficiente, por lo que sonriendo a duras ponas se dirigió a Orló.
- Parece un funeral, ¿Qué no esto es una fiesta? -Bowie levantó su tarro al aire, frente a los ojos de los hombres que sonrieron cuando cambiaron su actitud, sin embargo, Bowie no pudo mantener la concentración su mente era un derroche de pensamientos, por lo que, aprovechando que sus ex soldados estaban ahogándose de alcohol aprovecho para planear su retirada -Iré a mear-, dijo Bowie levantándose del asiento con los asentimientos distraídos de Orló quien besaba el cuello de la chica en sus piernas, pero, la mano de una de las prostitutas la tomó por el brazo deteniéndolo, Bowie pestañeo mirando a la guapa muchacha de encendido pelo rubio, Bowie tuvo un revoltijo de tripas cuando ella se acercó a él para pasarle los labios por el cuello, el ex general se paralizó sintiendo como la piel de su cuello vibraba, pero, aquel sentimiento se vio apañado por la voz susurrada de ella.
-Lo están siguiendo-. Confesó ella haciendo que Bowie sintiera un escalofrió que le subió por la espina, frunció el ceño quieto como una estatua mientras la prostituta le rodeaba el cuello con los brazos.
- ¿Estás segura? -Le preguntó él fingiendo que se acercaba a besarle el pelo, a vistas de cualquiera pareciera que estaban haciendo un coqueteo que los llevaría a la cama.
-Es el soldado de la esquina-, le ronroneó en la esquina y Bowie lo buscó con la mirada, encontrándose con un joven hombre de pelo n***o, ojos marrones oscuro y una delgada cicatriz en su ojo izquierdo, Bowie entrecerró los ojos percatándose que le resultaba conocido pero no recordaba de donde lo había visto -hace dos noches preguntó por usted general-, Bowie se remolino incomodo, no solo de saber que lo había llamado por un título que ya no portaba, sino por saber que alguien lo estaba espiando -y vino detrás de usted cuando llegó, se la ha pasado mirándolo desde que se sentó-. Masculló la mujer apartándose un poco de Bowie, ambos se miraron a los ojos.
- ¿Por qué me lo estás diciendo? No tengo mucho dinero para pagarte el favor-. Bowie la miró fijamente, los ojos de ella brillaron con un fulgor intenso, era muy linda y tenía una mirada fiera que a Bowie le sacó de concentración, ella esbozo una sonrisa coqueta mientras pasaba su mano por la pierna derecha de él.
-No necesita pagarme el favor con todo su dinero, en realidad podría compensármelo de otra manera-, le dijo y Bowie se estremeció cuando ella rozó con sutileza la cremallera de sus pantalones -yo lo veía a usted en la televisión, siempre me gusto, y ahora usted entró por esa puerta y se sentó donde yo estaba-. Bowie sonrió, se sintió alagado pero también sabía que podía ser una trampa, era demasiado fácil para ser verdad, más, luego de que le dijera que lo estaban espiando, entrecerró los ojos meditando, pero también podía ser que no hubiera engaño, Bowie quiso morderse los labios, para después mirar de reojo al soldado que estaba sentado solo lejos de él, con una cerveza en las manos y sus ojos mirándolo furtivamente en ocasiones, el ex general sopeso que podría usar la situación para su favor, aún tenía que apartarse al espía, irse con la chica era una buena oportunidad para escapar por otro lado, así que opto por seguir su corazonada, tomó de la mano a la guapa prostituta y camino con ella a las escaleras del local, donde sabía estaban las habitaciones, miró como el espía se remolinaba al mirarlo avanzar, sabía que lo seguiría, Bowie no era tonto, aprovecharía la compañía de la mujer por un rato, el suficiente tiempo para que quien lo seguía se confiara, luego, saldría por la ventana, ya se las arreglaría con la altura, era un soldado perfectamente entrenado codo a codo con el rey, estaba consciente que no podía fallar, por lo que, percatándose de cada movimiento del jovencito entró en la habitación cerrando la puerta.
Ya luego, se encargaría de averiguar quién lo había mandado seguir.