Estrellas de esmeralda

2243 Words
Enith estaba colérica, no podía tolerar que esa estúpida la sacara de sus aposentos así como así, sin embargo, Nélida era la prometida del rey, no estaba en posición para negarse, y mucho menos cuando Chariose estaba enfermo de venganza, además, no cuando tenía planes para ayudar con la guerra en puerta, estaba decidida a hacer más que arreglar ajuares o tomar baños de sales rosas, debía ser precavida a quien hacia enojar o los planes que estaba tejiendo no podrían ver la luz, por lo que mientras caminaba en paso molesto por los elegantes pasillos del castillo tomándose la falda larga de su vestido para evitar caerse, llegó junto a Bonny a los aposentos que le habían asignado a la princesa Nélida, los que por si fuera poco, estaban hasta el otro extremo de los suyos. Se acomodó los mechones sueltos de su cabello azabache, estaba roja de ira y por más que practicó tras las puertas cerradas una expresión decente, no pudo hacer que su rostro fuera sincero. -Esta perra caprichosa-. Susurró más para ella misma que para Bonny, quien miraba a Enith con el terror tatuándole el rostro, sabía que últimamente su señora estaba más que irritable, la había incluso abofeteado un par de veces, luego de haber sacado el tema de la boda de Chariose, lo que menos quería ahora era estar junto a Enith, quien, por si fuera poco, estaba que echaba humo por la nariz al haber sido llamada a los aposentos de la princesa. Enith, soltó un enojado resoplido antes de llamar a la puerta, Bonny se estremeció al verle los nudillos blancos llamando con toda la ira acumulada contenida dentro suyo. Sin embargo, unos cortos segundos después, las puertas se abrieron revelando el rostro silencioso de una de las damas de Nélida, quien movió su cuerpo luego de hacerle una pequeña reverencia de cabeza. -Sea bienvenida Lady Enith-. Masculló la dama, y la modelo entró mirando el interior con detenimiento. Estaba más que claro que los aposentos de Nélida eran mucho más grandes y ostentosos que los de ella, incluso tenia un balcón lo suficientemente grande para tener una delicada mesa de cristal en la que sabía, tomaba el té con regularidad, además de que la vista era hermosa, Nélida podía ver desde que abría los ojos, el enorme mar azul y gozar del olor salado colándose por su balcón. Enith frunció los labios, estaba claro que eran habitaciones para una futura reina, sus viseras se retorcieron en su interior, esas deberían ser suyas, desde siempre, lo había fantaseado incluso antes de conocer a Joanna, solía quedarse despierta mientras era una flacucha niña huérfana y hambrienta, soñando despierta sobre la dura cama de piedra del orfanato cubierta por solo un tieso edredón de paja que no le quitaba el frio, se imaginaba metida en una mullida cama repleta de finas cobijas aterciopeladas con el arrulló del mar de fondo, para luego ser enrollada en las más suaves y blancas batas de pijama y así, por la mañana, ¡Tomar una maldita taza de té, en su maldita mesa para té de cristal! Ahora, no tenía más que seguir imaginando después de haberse esforzado por conseguir un puesto en la corte del rey, un puesto que, ahora que la idea le atravesaba la mente, había sido gracias a Joanna, su corazón se sacudió en su pecho de pronto al comprender que si no hubiera sido por que habían sido amigas, no tendría más que el polvo de las escobas y las manos encallecidas de tanto lavar pisos, la verdad la hizo palidecer, aun tenia algo más que agradecerle a Joanna, la corrosión le retorció el estómago, prefería morir antes que deberle algo. - ¡Querida Enith, buenos días! -La sacó de sus pensamientos la cantarina voz de Nélida, quien estaba de pie, frente a hermoso espejo de cuerpo entero, el que estaba adornado en adorables avecillas de plata y diamante. La voz le taladró los oídos a la modelo, tuvo ganas de vomitar, los ojos marrones de Enith rodaron hasta Nélida, quien estaba rodeada de damas y una modista de labios tan apretados que pareciera que estaba oliendo un pedazo de mierda bajo su nariz respingada, la miró trabajar sobre el hermoso cuerpo de la princesa de los desiertos, quien era envuelta en una traslucida tela blanca, tan liviana y suave que pareciera que un inmaculado humo le estaba rodeando la desnudez. -Alteza-. Salió de los labios de la modelo con forzada cortesía, mientras miraba con detenimiento el brillante pelo dorado desparramarse en su espalda semi desnuda con salvaje gracia, ambas se miraron por el reflejo del espejo, Nélida estiró sus labios en una sonrisa viperina, lo que sacudió el estómago de Enith, la chica a pesar de su apariencia angelical, se notaba que era más que una arpía codiciosa, había sido más que lista al aprovechar la desesperación del rey para meterse como una infección en el lecho de Chariose, quien estaba más que ocupado resolviendo una guerra que en los ojos astutos de Nélida, aunque Enith sabía que su rey no era estúpido, él pronto descubriría las jugarretas de esa asquerosa princesa. - ¿Dime que te parece? – Nélida giró sobre sus talones para revelarse frente a los ojos entrecerrados de la modelo, luciendo con descaro su desnudez en el exquisito “vestido” en el que estaban trabajando sobre ella, Enith estiró su sonrisa lo mejor que pudo mientras visualizaba los pequeños pechos rosados de la princesa, los que se veían ligeramente acariciados por la tela, Enith por dentro quiso reírse, “al menos Joanna, pesé a que era una bestia, tenía al menos más decencia”, su ocurrencia la hizo retorcerse, ¿Desde cuándo Joanna era mejor que los demás?, apartó sus preguntas mientras la princesa bajaba del pedestal frente al espejo para correr a modelarle la fina tela blanca como las nubes, Enith miró como dio un vuelta frente a ella con una sonrisilla inocentona en los labios -¿Te gusta? -la princesa pestañeo mirándola fijamente – Es mi bata para mi noche de bodas ¿No es encantadora? -Le dijo mirándola con mucho interés, Enith sintió como la ira subió por su cuello, encendiéndolo de rojo, no era desconocido para la corte que Enitn siempre había sido una aspirante al corazón de Chariose, por lo que la odio más al estar consciente que le estaba restregando lo que inevitablemente pasaría después de la boda. -Es-, Enith tragó saliva con dificultad, quería borrarle la sonrisa de un puñetazo, su dama pestañaba asustada de creer que Enith haría algo estúpido -muy lindo, estoy segura que a su majestad le encantara-. Se forzó en contestar, Nélida soltó unas sutiles carcajadillas mientras se llevaba las manos a los labios, en un aire “ilusionado y juguetón”. -El que tú me lo digas me pone muy feliz-, Nélida regresó a su pedestal donde la modista siguió dando puntadas y sugiriendo ideas para ver si su bata debía llevar mangas bombachas o lisas -a pesar de que llevó aquí ya unas semanas, no he hecho ninguna amiga-, miró a la pelinegra desde el reflejo del espejo, algo brillaba en los ojos verdes de la princesa, Enith se cruzó de brazos ¿No entiendo por qué?, se preguntó para sí misma con sarcasmo -y quisiera que tú fueras mi primer amiga-, masculló sorprendiendo a Enith quien frunció el entrecejo, algo en su interior le gritó que todo era parte de las maquinaciones de Nélida, pero dejó que ella siguiera hablando -sé que eres amiga de mi prometido-, recalcó el titulo con vehemencia, para que le quedara claro – desde que son muy jóvenes-, Nélida la miraba de ves en cuando por el reflejo – supe que tienes orígenes humildes, y que nuestro bondadoso rey te sacó de esa miseria en la que vivías-. La princesa sonrío mirando la expresión de Enith, una vena le atravesó el rostro a la modelo, “Maldita zorra”, se dijo para sus adentros. -Nuestro rey es generoso-. Se limitó a decir Enith mientras juntaba sus manos frente a su vestido, en un gesto para controlar su colera, pero, levantando la mirada hacia la princesa, quiso poner punto final a la conversación -Pero, ¿A qué debo su llamado alteza? -Preguntó, quería acabar de una vez por todas y que Nélida le dijera lo que quería para ya largarse de esa habitación que a esas alturas ya odiaba. Los ojos de la princesa respingaron emocionados. -Bueno-, la miró por sobre su hombro -como eres una de las más cercanas a su majestad el rey, y claro, eterna amiga, quisiera que fueras mi dama de honor-. Sentenció dejando sin palabras a Enith - Solo tengo una tía, ella no puede salir de Yulum, es la reina regente hasta mi matrimonio, por lo que no puede estar conmigo en ese día tan importante ni tampoco en mis preparativos-, Nélida alisó un minúscula arruga en la tela de humo de su bata -y por eso, quiero que además, me ayudes con los preparativos, no conozco muchas de las tradiciones de Radu, y sería lindo que tú te encargaras-, se encogió de hombros -además, me gustaría también que me ayudaras con mi vestido de boda-. Finalizó sin quitarle los ojos de encima a la modelo, la que se quedó de piedra en medio de la habitación, las manos de Enith temblaron, la cólera se estacionaba en cada rincón de su tembloroso cuerpo, tuvo ganas de gritar, de golpearla y negarse, ¿Cómo se atreve?, Bonny se remolinó nerviosa al percatarse de las chispas en los ojos de su señora, quiso tomarla de la mano para tranquilizarla, pero sabía que podría ganarse un buen bofetón por lo que mantuvo su compostura, sin embargo, para sorpresa de la dama de Enith, la pelinegra estiró sus labios en una linda sonrisa de más de amable, dejando a Bonny desconcentrada. Enith le hizo una inclinación de cabeza a la princesa mientras se acercaba a ella con una elegancia propia de su título, la vieron alargar una mano hacia la modista quien levantó los ojos para verla. -Yo sugiero que las mangas bombachas se verán mucho mejor-, intervino para después mirar a Nélida quien le regresó la mirada borrando su sonrisa, luego, Enith quitó unas pelusas intrusas de la falda suelta de la bata, Nélida se tensó ante el contacto de la modelo quien no le apartó los ojos de encima -estaré encantada majestad-, estiró sus labios en una sonrisa divertida -será un honor ayudarla-, Enith se retiró unos pasos con la vista de la princesa siguiéndola – y claro, espero que el vestido de bodas y su bata sean suficientes para atrapar a su majestad-. Se atrevió Enith haciendo que Nélida levantara una dorada ceja con irritación. - ¿Qué quieres decir? – Enith no pudo contener su emoción, si, ella tenía entendido que en la jugada por Chariose, estaba en último lugar, pero eso no significaba que todavía no pudiera jugar. -Bueno-, se encogió de hombros en actitud sumida -ya ve lo que dicen por allí…- Nélida se giró a mirarla mostrando su verdadera personalidad. - ¿Sobre qué? – La princesa sonaba como una niña impaciente. Enith levantó la mirada para ver su expresión cuando se lo dijera. -Sobre la chica que tiene loco al rey…- Dijo y la princesa apretó los labios. - ¿De quién hablas? ¿De quién se trata? -. Enith fingió sorprenderse. -Oh alteza, no soy nadie para decirlo pero, su majestad esta prendado de alguien desde hace mucho tiempo-, dijo no revelando de más, pese a que Joanna era un monstruo, mencionar que era de quien un rey estaba perdiendo la cabeza, era demasiado peligroso, pero, al menos Nélida se mataría averiguando quien tenía a Chariose por los pantalones, pues, Enith sabía que, no era la única que podría rozar del poder, una extraña mueca atravesó el bello rostro de Nélida, Enith tuvo que hacer su jugada, aunque también ella se hundiera, pero al menos no lo haría sola, se llevaría a Nélida con ella. - ¿Qué? – -En verdad le deseo un feliz matrimonio princesa, a pesar de la sangre y la guerra-. Finalizó Enith reverenciándola, las damas de Nélida incluso se habían quedado de piedra, algunas se llevaban las manos a los labios al sopesar la situación de una princesa próxima a casarse, Nélida apretó las manos en puño, ahora ella forzando una sonrisa. -Gracias Lady Enith, por sus buenos deseos-. Respondió de pie frente a Enith, quien volviendo a reverenciarla se marchó, Nélida la siguió con la mirada con ojos fulminantes, y, para gozó de Enith escuchó como Nélida les gritó a sus damas y a la modista con prepotencia para que siguieran con su trabajo. Por primera vez en mucho tiempo, Enith pudo sonreír genuinamente, al menos la pequeña guerra interna que tenía con Nélida la distraían de la realidad, una que era poderosamente sobrecogedora, nada comparada con solo hacer enojar a una berrinchuda princesa, con la que esperaba tener nuevos piques más adelante, en cambio, sabía que, había cosas mucho más importantes que solo juguetear con Nélida, todavía le quedaba planear su siguiente movimiento, aun tenía soldados que sobornar y gente que utilizar para sus propósitos, estaba más que decidida a hacer algo más que esperar lo inminente. Tenia un plan, debían poner todo de si, para hacer que funcionara.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD