Aria El ambiente en la habitación de Eli me golpeó como una ola de emociones. Ver todos esos equipos médicos, monitoreando cada aspecto de su vida, me estrujó el corazón. La ausencia de sus padres hacía todo más difícil, pero al menos tenía a Tarzán y a la Nana, quien definitivamente era un ángel guardián para ella. —¿Sabes? A veces extraño ir a la escuela como los otros niños —me dijo Eli con una madurez que no correspondía a su edad—. Pero la diálisis toma mucho tiempo. Su comentario sobre la lista de espera para el trasplante me atravesó el alma, pero mantuve mi compostura. No podía derrumbarme frente a ella. Después de compartir algunas risas, decidí bajar a hablar con el energúmeno de su hermano. Toqué la puerta de su despacho y al abrirla, el aire abandonó mis pulmones. Allí esta

