Aria Me despierto con el cuerpo adolorido, pero es un dolor dulce, uno que me hace revivir cada momento de la noche anterior. Cada caricia, cada beso, cada susurro. Mi piel aún hormiguea al recordar sus manos, la forma en que me tocó, como si hubiera memorizado cada centímetro de mi cuerpo. La cama está vacía; el lado donde dormía Lucien ya está frío, pero su aroma permanece, embriagador y masculino, recordándome que no fue un sueño. Miro alrededor, absorbiendo por primera vez los detalles de su habitación. Es minimalista, todo en blanco y n***o, elegante como él. Una estatua de Anubis en una esquina le da un toque sofisticado al espacio. Es grande, pero sorprendentemente acogedora. Mi ropa... bueno, está prácticamente destruida. Tomo una de sus batas del baño, suave contra mi piel marc

