Aria El aroma de las hierbas frescas me da la bienvenida cuando cruzo la puerta del restaurante esta mañana. Me siento diferente, más ligera, y por la forma en que mis compañeros me miran, sé que se nota. —¡Miren quién llegó! —exclama Fiorella, y puedo ver esa sonrisa pícara que intercambia con Julio—. ¿Será que alguien tuvo una noche interesante? Ruedo los ojos, sintiendo el calor subir a mis mejillas. —¿No tienen nada mejor que hacer que meterse en mi vida? —Oh, vamos —dice Julio, apoyándose en la barra—. Ese brillo en tus ojos dice más que mil palabras. —¡Ya basta! —les lanzo un trapo de cocina, intentando mantenerme seria—. Mejor díganme si falta algo en la cocina. —Todo en orden, chef —responde Julio, y puedo oír cómo contiene la risa. En ese momento, Fiorella se acerca con u

