Y con esas simples palabras es suficiente para hacerme creer en él. Nathan Días después Sin prestar atención a mi alrededor cruzo la calle para entrar a la cafetería de siempre y de un momento a otro alguien me cierra el paso, justo cuando estoy por esquivarlo, me percato de quién se trata y mi ceño se frunce. —Necesitamos hablar —se adelanta. —Yo no tengo nada de qué hablar contigo —me hago a un lado en un intento por ignorar a esa persona, no obstante, sus siguientes palabras me dejan clavado en mi lugar. —Te aseguro que te conviene, es algo referente a tu esposa… […] —¿Estás bien? —me cuestiona Kalet, sacándome de mis pensamientos. —Sí —miento, después de algunos segundos, mirando con el ceño fruncido la delicada pulsera de esmeraldas que reposa en mi mano. —¿Estás seguro

