—Ya sabes, lo prohibido siempre es más emocionante y placentero. Sin poder contenerme por más tiempo, doy un par de zancadas y tomándolo de su abrigo, lo obligo a levantarse de su asiento. —Te lo advierto, Lefebvre. ¡Mantente alejado de mi esposa! —¡Oye amigo, tranquilo! —interviene su acompañante, poniéndose de pie e intentando alejarme del imbécil de Oliver, lo cual le resulta difícil gracias al empujón que le doy. —No te preocupes, André. Es un socio, ¿cierto Dubois? —cuestiona con sorna, provocando que esté a nada de levantar mi puño y estrellarlo contra su rostro. —No lo repetiré, mantente alejado de Giselle —siseo con furia. —¿Y si en realidad es ella quien no puede estar lejos de mí? —se burla. —No lo creo, ¿quién querría estar cerca de ti? —La misma Giselle. No tengo la cul

