Su rostro amoratado, bajo una barba larga y su cabello enmarañado, lo hacen parecer mayor de lo que es, provocando un extraño sentimiento en mí. —Ya cumplí tus exigencias, estoy aquí aun cuando no lo deseaba. ¿Qué es lo que quieres de mí, Oliver? —cuestiono al hombre en cuanto me siento frente a él. —Luces realmente hermosa —murmura con un rastro de tristeza en su voz y en su rostro. —Si solo me pediste venir para hablar de como luzco, lo mejor es que me marche, no me hagas perder mi tiempo. —No, espera por favor, Giselle —me suplica. El hombre observa mi hinchado vientre con cierta añoranza y después de entrelazar sus manos que permanecen esposadas en todo momento comienza a hablar. —Quiero pedirte perdón por todo lo que te hice, sé que fui un infeliz… —¿Y hasta ahora te das cuenta

