—¿En la playa? Eso queda aún más lejos de su casa. —Le haré creer a Oliver que he estado ahí, por favor puede llevarme —me pide, juntando sus manos. —Está bien. Vamos a la playa más cercana, Kalet. Durante unos veinte minutos viajamos en completo silencio y cuando por fin estamos por llegar a nuestro destino pregunto aquello que no deja de rondar mi cabeza. —¿Por qué Oliver está sospechando de usted? —Hace unos días escuché que discutía con su madre porque ella deseaba que Oliver lo demandará por la golpiza que recibió de su parte. —¡Maldito cobarde! —me quejo. —Pero Oliver refutó su petición. —¿Por qué hizo algo así? —Supongo que su amante le aconsejó no hacerlo, dado que usted podría proceder de la misma forma por el robo que ha sufrido a manos de Oliver. —No tengo pruebas cont

