—Hola somos Karina y Oliver. Probablemente no estamos en casa…
La señora de rubia castaña sonríe nuevamente al escuchar el buzón de voz, al reconocer la voz de su hijo y la de una joven porque gracias a su cuñada, tiene el teléfono telefónico de la casa de su hijo Oliver.
—Rosa.
Ella voltea al ver quien la llama es su cuñada Andrea, quien le dice:
—Veo que vuelves a llamar a Oliver.
—Realmente quiero hablar con él, pero me conforma escuchar su voz en el buzón de voz.
—Tranquila Rosa cuando menos lo esperes el contestara, y tú debes estar tranquila, imagino las emociones que abordas en ti para hablar con tu niño.
La señora Rosa, una mujer de piel güera, cabello corto, vestida elegantemente en la boda de su sobrino, a la que ella fue invitada por él.
Y desde que su hijo grande decidió irse, claro que le dolió, aunque su hijo antes había hablado con ella.
—Mami, sabe muy bien que no estoy de acuerdo de lo que hace papá, y menos que me esté obligando a hacerlo tomando de mala forma, “su imperio”, que él así lo llama.
—Oliver, crees que huyendo de tu padre sea la solución.
—Mamá debes entender que no estoy huyendo, solo quiero independizarme, alejarme y si para papá es desconocerme como me lo dijo, lo acepto, solo quiero que no te preocupes por mí.
—Hijo como no quieres que me preocupe por ti, eres mi hijo.
—Confía en mí, sé que no quieres que yo lo haga, pero solo necesito que me apoyes mamá.
La señora Rosa su madre termina accediendo, sabe que hacer promesas no es la solución, solo acepta y apoya a su hijo, eso fue hace un tiempo que se encuentra en el pasado.
Rosa se encuentra disfrutando del banquete, música y baile pensando por un momento en volver a viajar, y ahora irse hasta Italia tal vez de nuevo y ahora quedarse a vivir, pero no puede evitar en pensar en sus hijos varones, de volverlos a ver y hablar, toma un Martini seco de su copa.
—Andrea, has visto a Oscar.
—No intente invitarlo sobre la reunión de noviembre, pero no sé cómo contactarlo, pero ya no te comenté, invite a Karina y a Oliver.
—Se lo dijiste a Oliver.
—Sí y espero vayan a Jalisco.
La señora Rosa asiente con la esperanza de ver a su hijo, al iluminarse sus ojos al preguntar:
—¿Karina?
—A sí la novia de tu hijo, se llama Karina.
Ella sonríe solamente al beber de nuevo de su copa, al voltear y mirar bailar al padre de la novia bailando con su hija, eso le trae pensamientos bellos que mantiene en su memoria.
Al solo recordar su boda que fue como siempre lo soñó, tanto civil como de iglesia, su familia feliz por ella, no fue por ningún contrato u otra cosa, fue amor verdadero para ambos tan jóvenes, siendo dos personas enamoradas.
(https://www.youtube.com/watch?v=zHSaj7KSZ5s)
Al bailar aquella canción con su padre con algunas lágrimas al recordarlo y terminase su bebida, al recordar su adolescencia siendo chica, mientras se juntaba con sus amigas que irían a la fiesta, donde bailaron, festejaron a la cumpleañera, al conocer a unos galanes muy guapos.
—Hola preciosa ¿Quieres bailar?
Ella voltea al ver de frente a un chico sencillo, de buen ver y con unos ojos y sonrisa linda, ella solo acepto. Enseguida los dos bailaron hasta que la música de aquella canción, a una más romántica, a lo que estaban ambos más cerca el uno del otro.
—Mi nombre es Juan. —dice el al oído de ella.
A lo que Rosa sonrió, a lo que solo dijo su nombre, los dos se quedaron bailando juntos y quedándose ella un rato más.
—Hasta que te encuentro Rosa, debemos volver a la casa ya es muy tarde. —le dijo su amiga Emilia.
Rosa mira su reloj de la pulsera de su muñeca, dándose cuenta que ya era tarde.
—Si debemos irnos, vámonos, busquemos a Tomasa ella nos llevara a casa. —le dice Rosa al ver a su amiga, al mover sus ojos.
—Bueno, es que ella ya se fue.
—¿Qué? —pregunta ella.
Su amiga Emilia solo movió la cabeza al asentir.
—Qué mala onda de Tomasa. —dice Rosa al quedarse por un momento pensando.
—No pienses que nos vayamos caminando, ni loca.
—Podemos tomar algún taxi o llamar...
Rosa es interrumpida al escuchar a Juan.
—Rosa, no creen que ya es tarde.
—Si déjame presentarte a mi amiga Emilia.
Los dos se saludan, continúa diciendo Rosa.
—Estamos viendo en llamar a mi papá a que nos traiga.
—Yo traigo el carro de mi tío, porque no las llevo a su casa así sabré dónde ir a recogerte para nuestra cita.
Ellas claro aceptaron que Juan las llevara a casa, pero es cuando Emilia pregunta a Rosa.
—¿Cita? tienes una cita con él.
Rosa negó enseguida suben las tres al coche.
—No eres de acá verdad. —dijo Emilia.
—Soy de Coahuila solo que nos venimos a vivir acá con mi tío. —decía Juan mientras estaba manejando.
Siendo que Rosa le indicaba la dirección, en eso que llegan a la casa en eso él estaciona el auto.
—Espera Rosa.
—¿Si? —pregunta.
—Quería saber si quieres salir conmigo mañana.
—Debo pedir permiso.
—Ok de doy mi número de teléfono de celular. —dijo él.
A lo que ella acepto, siendo que en ese tiempo ya existían unas no muy grandes o solo un poco para comunicarse, pero que eran muy útiles que aún existen, al ser que los llaman celulares de cacahuate.
Es como ambos se comparten sus números.
—Gracias, yo te hablo.
Los dos se despidieron. Rosa bajo del carro al ser que Emilia la espero para así ambas entrar a la casa.
—Te pidió salir.
—Si. —ella responde.
Después de esa cita continuaron saliendo, algunas veces más en una de sus tantas conversaciones de los dos, miro a Juan algo nervioso y extraño a lo que Rosa pregunto:
—¿Estás bien?
Volteando ella hacia donde Juan está mirando.
—No, no. —niega él enseguida, haciendo que ella no sospechara.
—Entonces a que miras tanto Juan.
—Nada, solo creí haber visto a alguien.
—Bueno.
Continuaron comiendo hasta que terminaron, de ahí irían a dar un paseo, los dos salían de aquel restaurante. En eso Rosa ve que Juan abre los ojos, y pide enseguida al decir:
—Sube rápido al carro.
Rosa se extraña de la repentina reacción de Juan, al pedírselo de una manera grave y diciéndoselo como una orden, a lo que ella solo sube al igual que Juan.
—¿Qué te sucede? —le pregunta ella.
—Perdón amor es que vi que alguien nos sigue.
—Alguien nos sigue. —dice Rosa preocupada.
—Sí, pero deberíamos ocultarnos por un rato, antes de llevarte a tu casa. —dice Juan mientras maneja pendiente del sujeto y donde estacionar el carro, para ocultarse por un rato, eso espera que funcione.
—¿Quién nos está siguiendo? Juan.
—Un hombre peligroso.
—Pero ¿Por qué nos sigue? —empezó a hacer varias preguntas más.
Juan claro que contestaba a sus preguntas, aunque ella se da cuenta que las respuestas no aclaran sus preguntas, así continúo preguntando.
—Rosa por favor deja de hacer preguntas.
—Entonces dímelo.
—Decirte que. —responde sin quitar la vista del camino.
—Decirme ¿Qué es lo que hiciste a ese hombre?
—Yo no hice nada. —contesta, al ver un sitio seguro donde ocultarse con el coche.
Rosa ve y siente como se estaciona, hasta que lo detiene al decir él.
—Bueno esperemos un rato, mientras el sujeto se canse de buscarnos. —dice Juan al sonreír y besar la mano de Rosa.
—Juan ¿Qué es lo que pasa?, dime ¿Qué es lo que hiciste? —lo dice mirándolo a los ojos.
—Siento no habértelo contado antes, creí que ellos no me hallarían.
Ella se pregunta al pensar “ellos” y solo decir:
—¿Quiénes son ellos?
Lo ve que piensa en sus palabras.
—Dime todo. —pide ella.
—Como te lo había contado antes sobre mis padres.
—Si murieron en un accidente automovilístico.
Juan mueve la cabeza al negarlo, Rosa lo mira confundida pensando en “no”, a lo que él dice:
—Mi papá se involucró con la mafia, fue horrible cuando mi mamá lo descubrió, intento hacer cambiar a mi padre de que lo dejara, pero fue inútil estaba ya demasiado metido, porque cuando quiso irse a tomar un tipo de retiro permanente, pero de algún modo su jefe, contacto no lo sé se enojó que dejara todo solo por mi mamá, porque una vez que ese horrible hombre supo el por qué mi papá dejaba todo por nosotros, eso causo que una noche fueran a asaltarnos y matarnos.
Rosa mira triste a Juan, al contarle sobre eso, a lo que ella pone su mano sobre la de él al escuchar:
—Esa noche yo no estuve en mi casa, yo había escapado para ir a una fiesta a la que mis padres no me habían dado permiso de ir.
—Eso te salvo.
Juan asiente al medio sonreír, de algún modo Rosa leía en los ojos cristalinos de él que lloraría, al solo recordarlo mientras continuaba.
—Si.
—Y cómo es que volviste a casa. —le dice ella, para no decir lo que realmente pensaba.
—Volví casi en la madrugada, dormí poco, desperté igual que siempre yendo al comedor a desayunar, esa mañana es como me di cuenta que ellos no estaban, los busqué en el jardín hasta que fue a su habitación donde los encontré muertos, en un charco de sangre, la sirvienta fue quien llamo la policía, fue un escándalo.
Le decía él entre otras cosas, hasta llegar a la parte más importante.
—Me fui a vivir con mi tío quien tomo mi custodia, pero el sujeto no dejo las cosas así nada más, comenzaron a seguirme a dejar notas de amenaza, la policía no hizo nada.
—Es por eso que vinieron a vivir acá.
—Sí pensé que eso lo pararía, pero veo que no.
—Y ¿Qué es lo que quieren? —le pregunta.
—No lo sé, no he llegado a saber él porque me quieren a mí.
—Debes decírselo a tu tío.
—Y lo peor será irnos.
—Crees que eso funcione, porque no solo llaman a la policía.
—No lo haremos, es peligro e irnos es lo único que hemos podido hacer para que estemos a salvo.
Siguieron hablando de eso, hasta que miraron sus relojes estando seguros de que el hombre se haya ido, enseguida él fue a dejar a Rosa a su casa, lo primero que Juan hizo es comentarle lo sucedido a su tío, ambos pensaron en alguna solución, la cual le comunico a Rosa que se irían del pueblo.
Así es como amigos y conocidos los despedían, prometiendo tanto Juan como Rosa seguir en comunicación, y prometiendo en verla de nuevo.
Al solo recordar aquella distancia de ambos, hasta volverse a ver de nuevo juntos con aquellos besos y abrazos, aun piensa recordando que él había cambiado, aunque la confianza y el amor continuaba en los dos, sin ningún cambio de ello, en su matrimonio, en su memoria de Rosa no evitaba aquella confesión de él.
—Si me hubiera reusado a no unirme a ellos, hubieran asesinado a mi tío y a ti, y no pienso repetir el patrón de mi padre con mi familia.