ALEXIA.
Los siguientes días transcurrieron tranquilos y sin novedades. No hubo ningún avistamiento de Salvajes por la zona, por lo que la crisis colectiva que se había generado fue desapareciendo. Genesio no quiso contarme mucho sobre la información que pudo recaudar de la Mansión, imagino que para no preocuparme. Yo tampoco insistí mucho en preguntar.
Aiden estuvo bastante ocupado también, entiendo que justamente con la nueva ubicación de su manada, preparando todo. Aunque todavía no me dijo nada al respecto, y no entiendo porqué.
En todos los ratos libres que tiene viene a verme, ya sea a mi casa, a la cafetería, al entrenamiento. Cada vez que llega a mi casa lo hace con un ramo enorme de margaritas, mis favoritas. Me envía mensajes de texto la mayor parte del día, para saber cómo estoy, qué estoy haciendo o qué quiero hacer. También hemos estado teniendo "citas" al cine, a restaurantes, a paseos en el pueblo, visitas a su aldea. Pudimos ir conociéndonos poco a poco, sabiendo más el uno del otro. Es todo un novio enamorado, y obvio a mi me encanta. No lo voy a negar.
Termino mi turno en la cafetería, hoy me tocó por la noche, y Aiden está esperándome como de costumbre.
- Menuda suerte tienen algunas -murmura Amira de mal humor.
Termino de juntar mis cosas y paso por el baño para mirar mi reflejo en el espejo. Me siento especialmente nerviosa, porque decidí que no quiero esperar más. Quiero entregarme a él. No quiero, necesito. Necesito ser suya por completo.
Lo observo de lejos, esta de espaldas mirando a través del vidrio. Luce pensativo. Me acerco en silencio y lo rodeo con los brazos.
- Hola -susurro contra su espalda. Puedo sentir su sonrisa, aunque no la esté viendo.
Se deshace de mi agarre y gira para quedar de frente a mi. En la mano trae una rosa blanca.
- Traje esta rosa para ti. Me pareció que era muy hermosa, casi como tú -ay, ¿se puede uno morir de amor?
- Gracias, es preciosa. ¡Me encanta! -salto de emoción, y el de ríe de mi gesto.
- ¿A donde quiere que la lleve bella dama? -me pregunta abriéndome la puerta.
- A mi casa, podemos ver una película. Genesio no va a estar hoy -en realidad le pedí que no estuviera, y creo que se percató de la razón. Pero accedió sin decirme nada.
Aiden levanta una ceja sonriendo en un gesto socarrón. Mis mejillas arden.
- A ver una película -hago énfasis en la frase.
- Como usted mande capitana -se burla de mi.
Maneja a través de la noche, el cielo está despejado y las estrellas brillan más que nunca.
- ¿Qué tal tus asuntos de alfa hoy? -le pregunto para sacar conversación.
Se ríe, sin despegar la vista de la calle.
- ¿Asuntos de alfa? -me encojo de hombros. Niega con la cabeza, divertido de mi expresión. - Bien, supongo. Organizando cosas.
Sigue sin mencionarme que han encontrado una ubicación nueva y, en cierto punto, me molesta. Porque suele contarme todo. O eso creo yo.
Frunzo el ceño, pero no digo más nada. Me mira de reojo y percibe mi gesto.
- ¿Qué sucede? -giro la cabeza hacia la ventana, esquivando su mirada.
- ¿A qué te refieres? -intento esquivar el tema.
Frena el coche a un costado de la carretera. Lo miro sorprendida, y él me devuelve la mirada.
- Vamos, dime que pasa -insiste.
No sé si exponerlo, si enfrentarlo y decirle que sé toda esa información. No quisiera generar una pelea.
Dudo un segundo.
- No pasa nada, ¿por qué preguntas? -vuelvo a esquivarlo.
- ¿Sabes que eres pésima mintiendo? -le frunzo el seño, ofendida. Aunque es cierto. - Cuéntame qué pasa.
- Mmm... -bueno, al diablo con esto. -¿Por qué no quieres decirme qué han encontrado una nueva ubicación para tu manada? -le pregunto, herida de que no haya confiado en mí para contármelo.
- Alexia -lo veo dudar. Se pasa ambas manos por el cabello, esta nervioso. -Acondicionar el lugar y armar el pueblo nuevamente, va a ser un proceso de meses. Muchos meses.
Le presto atención, mirándolo con recelo. Nunca antes lo había visto nervioso.
- Si no te lo dije es porque entiendo que sabes lo que significa ser la pareja del alfa de otra manada, por lo que entenderás lo que suceda cuando mi manada tenga que irse a su nuevo lugar -suspira y hace una pausa. Esta eligiendo cuidadosamente sus palabras. -Mira, sé lo que tu manada significa para ti, toda la historia que tienes en este lugar. No quiero que te sientas presionada por mi, ni obligada a hacer nada que no quieras. Tu serás mi pareja, pero siempre vas a ser libre de decidir lo que quieras hacer -toma mi mano y me da un suave beso, manteniendola pegada a sus labios.
A esta altura, las lágrimas empiezan a formarse en mis ojos.
- Alexia eres lo que más me importa en la vida. Nada me haría más feliz que marcarte y que tomes tu lugar al lado mio en la manada. Pero te repito, no quiero presionarte ni que te sientas obligada a hacer algo que no quieras.
Mi corazón da un vuelco, y las lágrimas escapan de mis ojos resbalandose por mis mejillas. Me salgo de mi asiento y me siento a horcajadas sobre él.
- Eres tan perfecto, siento que no hago lo suficiente para merecerte -pone un dedo en mi boca, silenciandome.
- Ni se te ocurra pensar de esa forma -acaricia mis mejillas, limpiando las lágrimas. -Eres todo para mí.
No puedo aguantar más y lo beso. Con necesidad, con urgencia. Él me corresponde con la misma intensidad. Me separo un poco para recuperar el aliento.
- Te quiero Aiden -le confieso, porque es cierto.
Sus ojos se iluminan y me deja ver esa hermosa sonrisa suya.
- Te quiero preciosa -besa mi nariz.
Permanecemos unos minutos así, en silencio, frente con frente, disfrutando de la cercanía.
- Nena creo que deberíamos seguir camino -asiento y vuelvo al lugar de acompañante. Aiden enciende el coche y nos pone en marcha, rumbo a mi casa.
Decir que este hombre me revolucionó, es poco. A escasos días de aparecer en mi vida, logró meterse en mi piel y en mi corazón. Cada vez que está lejos de mi es como si una parte me faltara. E imaginar mi vida sin él es literalmente imposible.
Sacudo mi cabeza, tratando de eliminar estos pensamientos. Aiden estaciona frente a mi casa y baja a abrirme la puerta. Ahora que logro observarlo con detalle, noto que la camiseta blanca que tiene puesta se adhiere firmemente a su pecho, marcando todos sus músculos.
Cuando entramos en la casa, todo está en silencio y tranquilo. La tenue luz del comedor está encendida, el resto se encuentran apagadas.
- ¿Tienes hambre? Puedo cocinar algo -me pregunta mientras encara para la cocina.
Si, pero no precisamente de comida.
- Mmm... -murmuro pensativa.
Se gira para mirarme curioso. En dos pasos acorto la distancia entre nosotros y no le doy tiempo a reaccionar. Lo beso, enroscado mis manos en su cabello. Me toma por la cintura, pegándome a su cuerpo, mientras con una mano sujeta mi nuca. Recorro su pecho con las manos, disfrutando cada músculo de su cuerpo. Muerdo su labio inferior y un gemido se escapa de su boca.
- Alexia... -empieza diciendo, pero lo corto besándolo de nuevo.
- Sh, no quiero esperar más. Quiero que me hagas tuya esta noche -digo decidida sobre su boca.
La lujuria aparece en sus ojos, haciendo temblar mi cuerpo de placer. Me besa tiernamente, recorriendo con sus manos mi cuerpo. Me levanta del piso, enroscando mis piernas en su cintura. Sube al segundo piso, y se dirige a mi habitación, todo sin despegar nuestros labios.
Me deja nuevamente en el piso, desabotonando mi camisa. Deja al descubierto mi sosten de encaje n***o. No puedo esperar más, arranco su camiseta rompiendola en pedazos. La necesidad, la desesperación nos inunda.
Me besa de nuevo, explorando mi boca con su lengua. Sus manos viajan por mi cuerpo, hasta mi trasero, apretandolo. Desabrocha el botón de mi pantalón, y en dos segundos lo hace desaparecer. Pasa sus manos por mis bragas de encaje a juego con el sosten.
En un giro me da vuelta, pegando mi espalda a su torso. Puedo sentir su dureza bien firme contra mi trasero, mi centro empieza a humedecerse. Sube sus manos hasta mis pechos, masajeandolos, mientras deja un recorrido de besos por mi cuello.
- Aiden -le pido en una suplica. Lo necesito.
Pellizca con sus dientes la suave piel de mi hombro, mandando una corriente eléctrica por todo mi cuerpo. Gimo, restregando mi trasero contra su m*****o. En un rápido movimiento, se deshace de mi sosten, dejando mis pechos al descubierto.
Me vuelve a dar vuelta, para tenerme de frente. Me mira, admirandome, lo que provoca que me humedezca aún más. Me guía hasta la cama, sentándome en el borde, abre mis piernas y se arrodilla entre ellas. Va dejando una hilera de besos en mis muslos, hasta llegar a la fina tela de mis bragas. Siento su aliento a través de la tela, me recuesto sobre la cama. Arranca la tela de mis bragas, dejándome expuesta frente a él. Siento su boca en el borde de mi entrepierna, besando y chupando todo a su paso. Su lengua encuentra mi sexo, jugueteando con él, mientras sus manos suben por mi cuerpo hasta mis pechos, masajeandolos. Un gemido se escapa de mis labios, me retuerzo entre sus brazos. Muerde suavemente mi c******s, enviando una oleada de placer por todo mi cuerpo.
- Ah, ¡Aiden! -mascullo entre dientes.
- Nena que húmeda estás -se separa un poco de mi para acomodarme mejor en la cama, subiéndose arriba mío.
Sus labios se apoderan de los míos y puedo sentir mi humedad en su boca. Desciende hasta mis pechos, besando y chupando toda la piel en el camino. Toma un pezon en su boca, mordiendolo. Con una de sus manos aprieta y masaje el otro pecho. Llevo mis manos a su pelo, retorciéndolo. Cambia de pecho, la presión crece en mi interior.
Una de sus manos va bajando hasta posarse en mi sexo, haciendo pequeños círculos. Jadeo. ¡Ay dios mio!
Introduce un dedo en mi interior, lentamente. El calor empieza a crecer en mi, siento que voy a explotar. Aiden mete y saca su dedo en un lento baile de placer, mientras su boca sigue torturando mis pechos.
- ¡Aiden no puedo más! -me quejo entre jadeos.
- Acaba para mi nena -su voz ronca y baja.
Y exploto con toda la intensidad de mi cuerpo, gritando su nombre.
Retira su dedo de mi interior y se deshace de su ropa, dejando expuesta la grandeza de su m*****o. ¡Ay por la Diosa Luna!
Se acomoda encima de mí, abriendo bien mis piernas, colocándose en mi entrada. Vuelve a besarme, sus labios dulces y suaves.
- No sabes cuanto he esperando por esto -me dice en un susurro.
Rodeo su cuello con mis brazos, tirando de su pelo. Muevo mis caderas provocandolo. De una estocada entra en mi, llenándome.
- ¡Ah! -gimo, tirando mi cabeza hacia atrás.
- Nena que apretada estas -gruñe entre dientes.
Comienza un lento vaivén que me arrima nuevamente a la locura. Sus movimientos son lentos y gentiles. Reclamo su boca con urgencia, y él me corresponde. Una fina capa de sudor se extiende por nuestros cuerpos. Pasea sus labios por mi oído, cuello, hombros, besando y mordisqueando. Necesito más.
- Aiden más rápido -aumenta el ritmo de sus movimientos, jadeo en respuesta. La presión vuelve a crearse en mi interior.
- ¡Alexia! -gruñe, aumentando más el ritmo. Que bien se siente mi nombre en su boca.
Tomo el control de la situación, lo giro, dejándolo debajo de mi. Lo monto, manteniendo el ritmo. Lo escucho gemir mi nombre.
Sus manos se clavan en mi cadera, sujetándome. Apreto mis manos en su pecho, arañandolo.
- ¡Nena! -esta al borde y yo también.
Aumento la velocidad, moviéndome para adelante, atrás y los costados. Tira la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Sus manos recorren mi cuerpo hasta llegar nuevamente a mis pechos, apretandolos.
- ¡Ah! -gruñe.
Se sienta, conmigo arriba todavía, moviéndose. Une sus labios con los míos ferozmente, mientras rodea mi cuerpo con sus brazos. Rodeo su cuello con los míos, intensificando el beso.
- Aiden, ya llego -susurro en su oído.
- Vamos nena, acaba conmigo -aumenta la velocidad y juntos llegamos al clímax, extasiados.
Pega su frente con la mía, ambos jadeamos en busca de aire. Me mira, y en sus ojos veo dulzura, amor.
- Te quiero -dice en un susurro.
Paso mis manos por su cabello.
- Yo también te quiero -le sonrío.
Vuelvo a besarlo, lenta y tiernamente, depositando todo mi cariño en ese beso. Este hombre me enloquece.
Siento su ereccion crecer dentro de mi nuevamente. Su mano viaja a través de mi columna, hasta llegar a mi trasero. En un rápido movimiento me deja debajo de él.
- No seré tan tierno esta vez preciosa -masculla con voz seductora.
- Cuento con eso alfa -lo reto.
Y volvemos a hacer el amor desenfrenadamente, como dos amantes.