30 | Arder en deseo

2320 Words

Veronika sintió el calor de las rústicas y callosas manos de Kirill en su vientre desnudo, y su piel se erizó. Era cierto que lo soñó, y que se tocó pensando en él, pero jamás imaginó que su sueño se tornaría una realidad treinta días después de esa noche, ni que sería con él. Cuando sopesó la idea de arruinar a Roman desde el interior, jamás caviló la idea de que su esposo la condujera directo al matadero en esa fosa oscura, tenebrosa y húmeda, con un hombre excitado que hundió la nariz en su cabello limpio y suave. Veronika era una mujer que no temblaba. Su temple de acero era admirable, y su altivez era su mejor cualidad. Era la clase que no se arrodillaba, que no se disculpaba ni que temblaba ante un hombre. Veronika nunca le bajó la cabeza a Roman, no le tembló, ni se sintió aterrad

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