Dieciocho meses después —¿Puede informarme si alguien lo adoptó? —preguntó Veronika cuando miró a la mujer sentada al otro lado del escritorio de madera rústica—. Me gustaría saber qué sucedió. La mujer de aspecto bondadoso, asintió con la cabeza. —Por supuesto, señora Leva —dijo la mujer—. En cuanto el niño se adoptado, le informaré todos los detalles, y también si no. Veronika movió la cabeza y le dijo a la mujer que entendía que era complicado por la edad del niño, y también porque no tenía las mejores referencias en cuanto a todo, sin embargo, guardaban la esperanza de que una buena familia lo adoptase. Veronika no quiso hacerse cargo del hijo de Kirill. Ella nunca quiso hijos, y menos el de un hombre que mató para que no tuviera poder. Sería hipócrita si recogía al niño y lo e

