Roman miró a Veronika completamente arrodilla ante él, y fue como si un escalofrío le recorriera el cuerpo completo. Sintió el aura retozar en su cuerpo y una sonrisa se dibujó en sus labios. Lo que siempre quiso, estaba al alcance de sus ojos y sus manos, luciendo encantadora y sensual arrodillada ante su nuevo Dios. —Estás como siempre te quise, de rodillas ante mí —comentó cuando intentó tocarla y Veronika quitó el rostro de él. Roman la miró a los ojos y apretó su mentón. Ella no se resistiría a él si quería que su hermana viviera. —Déjala ir —exigió Veronika cuando él le apretó el mentón. —Aún no hemos comenzado. Veronika elevó la mirada hacia él y observó como la excitación recorría cada espacio de su piel. Veronika era lo bastante inteligente como para saber que Roman era un

