capítulo 2

867 Words
Bajo el Ojo de la Noche Viviana no podía sacarse de la cabeza lo que había sucedido la noche anterior. No había contado a nadie sobre el encuentro con la figura enmascarada, ni siquiera a su mejor amiga. Nadie le creería. Después de todo, Halloween estaba a solo horas de distancia, y en esa pequeña ciudad, los rumores y supersticiones eran solo parte del ambiente. Pero ella sabía que lo que había visto no era un simple juego de luces o su mente jugándole una mala pasada. Él había estado allí, observándola, como un depredador acechando a su presa. Las calles se sentían diferentes esa mañana. Las casas estaban decoradas con calabazas talladas, telarañas de mentira y figuras fantasmales colgando de los porches. Los niños corrían emocionados, hablando sobre disfraces y bolsas llenas de dulces. Todo parecía normal, pero para Viviana, todo tenía un aire más sombrío. Las risas y las voces de la gente eran distantes, como si estuviera viendo una película ajena. Intentaba concentrarse en sus tareas diarias, en las pequeñas cosas que la mantenían ocupada, pero la imagen de la máscara blanca, esos ojos oscuros e impenetrables bajo la sombra de la capucha, la seguía a donde fuera. Su mente divagaba, y cuando menos lo esperaba, lo imaginaba cerca, observándola otra vez, esperando su momento. Esa tarde, al regresar a su apartamento, encendió la radio para llenar el silencio. La canción de SZA, "Big Boy", sonaba otra vez, y casi de manera automática, una sonrisa extraña se formó en su rostro. Recordó cómo la noche anterior, esa misma melodía había acompañado sus pasos mientras sentía el peligro acechando. ¿Qué tan irónico era que soñara con un hombre que la protegiera, y en su lugar se encontrara con alguien que parecía querer lo contrario? Se dejó caer en el sofá, su mente divagando nuevamente. Había algo que no podía explicar, una curiosidad retorcida que la empujaba a pensar en él. ¿Por qué no la había atacado? ¿Por qué simplemente la observó y se fue? Quizás solo quería aterrorizarla, disfrutar de su miedo. O quizás... no. No quería pensar en otras posibilidades. Y sin embargo, ahí estaba, perdida en esas preguntas. La noche cayó rápido, como si el cielo también estuviera impaciente por lo que estaba por venir. Viviana decidió no salir esa vez. Cerró las cortinas, revisó las cerraduras de la puerta más de una vez y se sumergió en un intento desesperado de distraerse con la televisión. Pero nada parecía capaz de mantener su atención. Un golpe seco resonó en la ventana. Se congeló. Un segundo golpe. Esta vez, más fuerte. Viviana se levantó lentamente del sofá, el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Se acercó a la ventana con pasos cautelosos, cada parte de su ser rogando que fuera solo una rama golpeando por el viento. Pero cuando corrió la cortina, lo vio. A través del cristal, bajo la tenue luz de una farola, estaba él. La misma máscara blanca. La misma figura corpulenta. Su pecho subía y bajaba con una respiración pesada, claramente visible incluso desde la distancia. Y en su mano, el brillo frío del cuchillo reflejaba la luz, como un recordatorio de lo que podría suceder. Viviana dio un paso atrás, tropezando con la mesa de café y cayendo sobre el sofá. No podía apartar la mirada de la ventana. Él había regresado. Su mente estaba dividida entre el miedo y esa extraña fascinación que sentía por él. Sabía que tenía que llamar a la policía, gritar, hacer algo, pero estaba paralizada por una mezcla de terror y... curiosidad. ¿Qué quería de ella? ¿Por qué no irrumpía ya? La figura levantó el cuchillo lentamente, pero en lugar de golpear el cristal, lo usó para dibujar algo en la ventana. Viviana se acercó lo suficiente como para ver las líneas que formaban un corazón torcido. Un mensaje. Un símbolo que la confundió y aterrorizó aún más. Antes de que pudiera procesarlo, él se alejó, desapareciendo en la oscuridad tan rápido como había llegado. Viviana quedó inmóvil, jadeando, con el sonido de su propio corazón ensordeciendo el silencio de la habitación. ¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué ese gesto? Un asesino no jugaba con sus víctimas de esa manera, o al menos, no de esa forma. ¿Podía ser esto otra cosa? La inquietud crecía dentro de ella. La imagen de la máscara blanca la perseguía aún más intensamente, pero ahora había algo más que terror. Había una duda que no podía ignorar. ¿Qué clase de juego estaba jugando él? ¿Y por qué sentía que estaba comenzando a involucrarse más de lo que debería? Se sentó en el suelo, apoyada contra la pared, y se cubrió el rostro con las manos. La risa suave escapó de sus labios, un sonido que parecía inadecuado para el momento. Pero era inevitable. El delirio, el miedo, la soledad... todo se combinaba en una mezcla extraña de emociones que no podía controlar. Viviana sabía que algo dentro de ella estaba cambiando. Algo oscuro, pero tentador. Y mientras el reloj avanzaba hacia la medianoche, sentía que la línea entre el miedo y la fascinación se desvanecía lentamente.
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