Mi padre es un hombre con características muy parecidas a mi abuelo, físicamente, en lo que difieren seria en el carácter de cada uno; mientras el abuelo es más difícil de entender y saber que pasa por su cabeza – solo te dice lo que él cree que deberías saber en el momento -, mi padre te lo suelta sin tapujos, no divaga ni se enreda. Según las historias de la abuela, al momento de decirles que se casaría con mi madre él solo lo dejo caer como una hoja en el agua. Era bastante obvio el poco interés que ellos – mis abuelos – tenían en que ella se uniera a la familia, más mi padre no le dio importancia y aun así se casó en la fecha acordada – que, según la abuela fue demasiado pronto -.
- ¡Por Dios, Eduard ya hablamos de esto! Es una pérdida de tiempo seguir con un acuerdo como ese – exclamo mi madre llevando sus manos a la cintura.
- La decisión ya está tomada, no hagas nada innecesario – su tono de voz sigue siendo una pequeña reprimenda en cada palabra.
- ¡No es innecesario! Es una gran oportunidad. Desde que está al mando de Nuevo Cielo no asiste como debería a estas galas, su presencia es inexistente en la sociedad y yo debo hacer algo para que eso cambie – le debatiría con gusto ese tema a mi madre, pero estoy más concentrada en lo que está diciendo mi padre.
- Catalina que bueno es verte. ¿Dónde estabas? La editorial está vacía sin la persona que debería dirigirla.
- Claro, a mí ignórame – refunfuño mi madre.
- No sé qué es más sorprendente; escucharte hablar sobre que hay un compromiso que desconozco o, que me mantienes vigilada en mi propia empresa – los tres habíamos formado un pequeño triangulo con nuestras posturas.
Quería hablar con mi padre de muchas cosas, entre ellas; la casi boda que estaban planeando y la razón de ella. No me pasa que solo querían unir las Corporaciones es una gran fachada, aquí hay algo más que desconozco.
- No sigas el ejemplo de tu madre y me cuestiones ese asunto. Será lo mejor – dijo mi padre caminando directo a su despacho. Las viejas rutinas nunca mueren. Tomando todo el aire de mis pulmones me quede plantada en mi lugar y espere que se perdiera de mi vista.
- ¿Qué quiso decir con eso? Andrés está muerto, el compromiso no puede seguir en pie. Y en ningún momento lo acepte – hable observando fijamente a mi madre. Ella me sonrió de forma cansada y me pidió que la siguiese a otro lugar más tranquilo para hablar.
Yo no quiero hablar, solo quiero respuesta a esa pregunta. La seguí con cautela hasta la terraza, la brisa fresca de la mañana nos sacudió el cabello y me hizo olvidar por un momento mi confusión. Tomamos asiento en su habitual lugar y nos sirvieron el té, antes preparado.
- No quiero tomar té, quiero una respuesta a mi pregunta, madre.
- Tu compromiso con Andrés fue una excelente idea para garantizar los bienes de tu padre y los de Oscar, y así poder agrandar ambas corporaciones. Con ustedes a la cabeza sería un gran éxito y no podrías quejarte porque Andrés también era uno de los solteros más codiciados que hay. No quedan muchos como él – Diría que esta rebosante de energía y hasta alegre por decir todo eso, pero desde que tomamos asiento su rostro esta conmocionado en una inescrutable mueca de desagrado.
- Que hasta la fecha, solo vi una vez. Eso para ustedes no supuso ningún inconveniente ¿no es así?
- Se conocerían formalmente en la subasta, así estaba planeado. Fue una pena que todo se fuera a la basura.
- Ya sé todo eso, al menos puedo deducirlo. ¿Qué fue lo que dijo padre? ¿Qué acordó con el señor Morgan?
- Eso no está del todo seguro, y no tengo conocimiento exacto de su acuerdo. No sé cómo debo decirte esto.
- Diciéndolo, supongo – mencione perdiendo la paciencia.
- ¿Sabes que los Morgan tienen otro hijo? – pregunto más para sí misma que para mí.
- Sí, su hermano gemelo. Lo menciono Roxan el día del entierro.
- Thomas, el hijo desaparecido de los Morgan. El único en contacto con él, era Andrés. Nadie conoce su paradero y es el único que puede llevar las riendas de la Corporación. Y ahora casarse contigo para que los planes de tu padre y Oscar se lleven a cabo.
- ¿Es una broma? – pregunte levantándome de mi lugar - ¿No saben dónde está?
- Por supuesto que sí, está en la ciudad. Y por lo que tengo entendido también estuvo en el entierro.
- ¿Y no hablo con ustedes? No tienen contacto con él, ni siquiera saben si quiere asumir el control de Alveolo y me estás diciendo que simplemente me casare con él cuando aparezca de la nada. ¡No lo haré!
- No saltes precipitadamente a conclusiones, yo no quiero que eso ocurra. Me gusto Andrés porque le conocí, hable con él. No tengo idea de cómo es Thomas y no quiero que se case contigo, por eso hay que encontrar un mejor prospecto en la subasta. ¿Ya entiendes mi desespero? Espero que sí y que colabores. Es por tu bien.
- Eres increíble. Estaré en el despecho de padre. No te atrevas a llamarme o ir a la oficina de nuevo – con el corazón en la boca abandone la terraza. Me dirigí como rayo al estudio de papá y entre sin ceremonias.
Padre se encontraba revisando unos documentos esparcidos sobre la mesa, en el momento de mi llegada. Levanto la vista sorprendido por mi arrebato, pero volvió a lo suyo al cabo de un instante. Supondrá que madre ya me dio un resumen, aunque técnicamente no me dijo nada.
- De la señora Fátima – yo siempre me salgo con la mía – lo entiendo y hasta espero, pero no de ti. ¿Qué tonto acuerdo es ese?
- Catalina baja el tono de tu voz, toma asiento y tranquilízate – demando con voz queda.
- No me lo puedo creer, ni siquiera sabes quién es, además yo no me pienso casar con nadie que ustedes me impongan – vocifere alzando mis manos, seguía de pie viéndole iracunda.
- Por supuesto que sí, es lo que espero que hagas. Asumiste bien el cargo de Nuevo Cielo, estás lista para el siguiente paso.
- No sigas, no pienso escuchar esas tonterías. No pienso dar un paso más porque tú quieras. Tome el mando de la editorial porque pensé que sería interesante y me he matado para que sea impecable y más. No para caer en tu juego y tus acuerdos.
- Sabes perfectamente que tienes que prepararte para la corporación, por eso fuiste a la universidad y estas parada en la presidencia. Permito tus salidas lejos de tu departamento y tu vida empresarial porque soy tu padre y quiero que seas feliz y te distraigas si quieres, pero no para que te desvíes del tema central.
- ¿Y cuál según tú, es el tema central? – pregunte sujetando mi teléfono con fuerza en mi mano.
- No pienso tener esta conversación contigo. Hablemos de cosas más importantes, comportante como la ejecutiva que eres y toma siento.
- No tomare asiento pero te escuchare, ten en claro que no pienso contraer matrimonio ni nada que se le parezca.
- No siempre serás joven, Catalina. Incluso tu madre sabe eso.
- Eso a mí no me importa – un matrimonio con conveniencia, ni en mis más estrafalarias pesadillas. No caeré en esa absurda idea de los enlaces conyugales para reafirmas los lazos entre familias. Si son socios desde hace años. ¿Qué les hace pensar que eso puede cambiar más adelante? ¿Para qué están los múltiples abogados sino es para solucionar esta clase de inconvenientes?
- Te importara, ahora siéntate.
- Lo que tienes que decirme con respecto a qué es: ¿la editorial? ¿La televisora? ¿O algo más?
- ¿Por qué quieres adelantarte? ¿Tan difícil es escuchar a tu padre? – pregunto juntando sus manos sobre la mesa.
- Pareces más mi jefe que mi padre. Si es sobre la editorial o la televisora, comunícaselo a Benjamín. El me pasara el mensaje con lujo de detalles. Si por el contrario es por algo más, no quiero escucharlo. Ya oí lo suficiente y ni siquiera he estado una hora en esta casa. Me retirare.
- Lo que tengo que discutirte es sobre Thomas y…
- No quiero escucharlo. Te recomiendo que des con él. Si pasan meses sin hallarlo los socios se pondrán nerviosos en Alveolo y ni tu apoyo calmara su humor.
- Eso ya es de mi conocimiento, ¿puedes escucharme?
- No, ya no quiero escucharte. Dile a madre que no es un juego lo le dije, no la quiero rondando en mi oficina ni en mi departamento. Y más le vale dejarme de espiar, eso también va para ti.
- Yo no lo hago.
- Claro, por supuesto que no. Disculpa mi error – el sarcasmo era evidente en mi tono de voz.
- Si estas al tanto de eso, me puedes explicar cómo es que te pierdes de la faz de la tierra algunos días. No trates de ocultarlo diciendo que vas a lugares como los que le gustaban a mi madre porque desde hace tiempo que no lo haces. ¿A dónde vas?
- Eso no es importante, ya soy una mujer y puedo hacer lo que se me venga en gana. Aprecio tu preocupación y la de madre, pero no es necesaria. Que pases un bonito día, papá. Nos vemos en la subasta.
No espere su respuesta y abandone la sala, no dejan de hacer cosas tontas una tras otra. Si tanto quieren una unión entre familias porque no tuvieron otro hijo, uno que estuviera más dispuesto que yo a hacerlo. Si hubiera sido niña ya tendrían novia, y si por el contrario hubiera sido niño bien podían casarlo con Roxan y caso resuelto. O podrían haberme criado ellos e inculcarme sus turbulentos pensamientos, así estaría de acuerdo con ellos. Lástima que dejaran que me criara la abuela, sus pensamientos de libertad me los marco hasta en los huesos.
Cuando padre estaba hablando de la unión y todo eso, pensé por un segundo en dejar la editorial. Devolverla a sus anteriores manos y volar por el mundo durante unos años, eso sería una locura y lo más inolvidable de mi vida. No tener solo unos días para disfrutar de un momento maravilloso, sino meses seguidos sin intermisión.
En la salida de la casa pude escuchar los gritos de mi madre llamándome, decidí dejarlos atrás y correr al auto. Fran me abrió la puerta y arranco inmediatamente, me dejo en mi departamento y se marchó. Tras mi llegada, por la puerta apareció Mia con un maletín en las manos. Lo arrojo a la mesa y me miro expectante, no se sentó y no se aproximó a mí. ¿Qué le habrá pasado? Para que actuara así. Mostré mi sorpresa en mi cara y le hice señas para que se sentara.
- No sabía que vendrías, ¿algún problema en la editorial?
- Ninguno. Me gustaría hablar contigo – menciono seria, mucho más seria de lo normal – cubriste muy bien tu rostro.
- Sí, necesitare que busques un atuendo despampanante para la subasta, pero lo suficientemente cubierto para ocultarme como este. Debe ser estilo coctel. No me desviaré del tema, dime para que quieres hablar.
- Necesito contarte algo, solo no me mates o me despidas cuando acabe, por favor.
- ¿Qué hiciste? – pregunte llevándome una copa de agua a la boca, gracias a la medicina que he estado tomando no puedo ingerir alcohol.
Mia se lanzó a mi lado en el mini bar y se sirvió un trago, se lo tomo en una sola vez y resoplo antes de virarse en mi dirección.
- El día de tu llamada, cuando te conteste azarada ¿recuerdas? Me preguntaste si algo iba mal con la editorial y yo te respondí que todo estaba bien. En realidad no lo sabía, ya que no había ido – comenzó moviendo de forma desesperada las manos.
- Explícate – exigí, sabía que algo había ocurrido no que había faltado sin decírmelo.
- Yo, ese día no estuve en la editorial. Tome de más el día anterior e hice una estupidez y ahora no puedo pensar con claridad y lo único que me ayuda es estar en el trabajo todo el día. Me estoy volviendo loca.
- Más que loca diría que estas muy acelerada. No pasa nada, Nuevo Cielo no se caerá porque faltes un día. Aunque debo admitir que no me complace saber que faltaste sin decírmelo o pedírmelo, necesito saber que cuento contigo no puedes hacer eso de nuevo. Esto último solo quiero aclararlo para que no hallan malos entendidos ¿okey?
- Lo sé, debí decirte, pero no sabía cómo. Desde que llegue has sido buena jefa y me estás dando más responsabilidades ahora más que antes y yo te falle sin siquiera darme cuenta.
- ¿Hiciste algo irreparable o qué? – pregunte perdiendo el hilo de la conversación.
- Probablemente. Yo no quería, solo ocurrió y ahora no veo forma de enfrentarlo.
- Solo para aclarar lo que obviamente no quieres decir, ¿estás hablando de Benjamín?
- Sí, me invito a tomar algo y los tragos se nos fueron de las manos. Terminamos bebiendo de más y en la cama.
- ¿Te acostaste con él? – cuestione con mi boca ligeramente abierta. Ese es un pequeño problema – dime que ahora son pareja o algo así.
- No. Ahora no puedo ni verle a la cara, huyo cuando lo veo en la oficina y no sé qué hacer.
- ¿Tan malo fue?
- ¿Qué? ¡No! Somos colegas del trabajo, me equivoque y estoy entorpeciendo mi desempeño.
- No crees que estas exagerando un poco. Son adultos, ambos, hablen de ello y asunto zanjado no planees darle tantas vueltas.
- No le doy vueltas, pese a que fue inolvidable. Es solo que no puedo solo dejarlo en eso – Ah, debió haber comenzado por esa parte.
- ¿Quieres que vuelva a pasar? ¿Qué sean novios? ¿Qué te preponga matrimonio? – me enojare si dice matrimonio, esa palabra me tiene los pelos de punta. Y no logro ver lo que pasa por la cabeza de Mia.
- No sé lo que quiero, él me esquiva si intento sacar el tema. Ya lo intente un par de veces, fue incómodo. ¿Qué hago?
- Pues decide lo que quieres y luego móntale una trampa bien armada para que no pueda escapar y tenga que escucharte hasta el final.
- ¿Cómo hago eso?
- No lo sé, piensa en algo.
- Lo haces parecer fácil – suspiro rendida y se recostó de su mano. Después de súbito volteo en mi dirección y me señalo con la copa en la mano - Casi me llevo un infarto cuando vi tu rostro golpeado y tu brazo vendado, creí que morirías. Pensé por un momento en comunicárselo a los señores Bellmore, pero decidí esperar, ni siquiera sé por qué espere. A decir verdad las personas que estaban contigo allí parecían ser confiables, pero eran desconocidos para mí y creo que tampoco eran conocidos tuyos – yo solo negué con mi cabeza, resoplo y siguió - Uno de ellos me detuvo cuando intente acercarme a ver como estabas, y luego me saco del cuarto tapándome la boca. ¡Eso fue grosero!
- Supondré que llegaste tan calmada como el agua más clara – alce mis cejas en su dirección, Mia me miro soltando un par de risas nerviosas y se bebió de un tirón otro trago. Vaya que se ha soltado con la bebida.
- Me altere un poco, creí que no despertarías y que tendrían que llevarte de urgencias a un hospital. Volví a la compañía más voluble que nunca. Durante todo el día te llame sin descanso, esperando que contestaras alguna de mis llamadas. Hasta que te fui a ver. Lo que me recuerda, ¿qué tienes con tu vecino? – Mia alzo sus manos a mis hombros y me sacudió un poco, no creo que sea la primera copa que toma en el día. ¿Qué hare con ella? Está tomando un mal hábito por el estrés.
- Nada, me yudo y eso es todo. ¿Bebiste antes de llegar aquí?
- Solo un trago, o dos – respondió cabizbaja.
- Ya veo. ¿Cómo pretendes volver a la oficina si ya estas borracha?
- Ya quiero que sea de noche – lloriqueo hundiendo su cabeza entre sus brazos.
- Tomate dos días libres, hoy y mañana. Ordena tus ideas y luego vuelve a trabajar. Y arregla las cosas con Ben no quiero estar en medio de eso.
- Pero, tengo que encargarme de…
- No importa, alguien más lo hará.
- ¿Estás segura?
- Sí, no hay ningún problema. Es muy posible que padre se esté encargando de todo allá mientras nosotras conversamos, así que tranquilízate.
- Entonces es verdad que te tiene vigilada en la editorial.
- Eso no es una novedad, lo que si lo es, es que interfiera con mis decisiones internas. Quería hablar con él de eso hoy. No lo logre, me soltaron otra bomba y me fui. Estoy harta de hacer lo que les da la gana.
- ¿Qué fue esta vez?
- Una que quiero olvidar y a la que no le pienso dar importancia. ¿Te quedaras en el cuarto de invitados o le pido a Fran que te lleve?
- Llamaré a Fran, tengo ganas de atiborrarme con comida y alcohol.
- solo con comida, suficiente alcohol para ti hoy.
- Ya eres de nuevo la jefa – se levantó un poco tambaleante, agarro su bolso y salió por la puerta. Fije mi vista en el maletín que traía consigo, el cual dejo olvidado. Me acerque hasta él y lo abrí, trabajo, trabajo y más trabajo. Todos documentos que requieren mi aprobación.
Pensar en la editorial me hace pensar en las tonterías que hacen mis padres, tome el maletín y lo cerré. Me dije a mi misma que descansaría lo suficiente antes de la subasta para recuperarme como debo, no tocare mucho el trabajo hasta entonces. Cuando padre vea que estoy faltando de nuevo expondrá sin querer a la persona dentro de la compañía. No solo es mi madre, también tiene que ser él. Me aguante que mi abuelo supiera mi paradero en todo momento porque es mi abuelo, el no interfiere en mis decisiones, ni me impone nada. Muy distinto es que los esposos Bellmore lo hagan, ellos siempre quieren algo. Vaya sorpresa la que me he llevado, nunca espere que padre fuera tan autoritario con respecto a esto.
Empaque unas cuantas cosas y salí del departamento. Me tomare en serio mi recuperación hasta el día de la subasta.